¡Hola a todo el mundo! Esta es la primer historia que publicaré en este sitio. Como ya habrán adivinado, soy una de las escritoras para Estudios Mon, espero que les guste mi trabajo y que les gusten las demás historias también. Bien,disfruten.
Era de noche otra vez, una fría noche de invierno que apenas empezaba y ella se acababa de levantar, lo que significaba que se había perdido media tarde de aquel día. Volteó a ver el reloj despertador cercano a su cabeza, los números rojos marcaban las seis de la tarde, había dormido cerca de tres horas, y el sol terminaba de ponerse, miró alrededor; la habitación borrosa se veía azul en los últimos minutos de luz diurna. Por un momento pensó en quedarse en cama por el resto de la tarde, entonces escuchó ruidos abajo. Su madre había llegado a casa. La muchacha se sentó sobre su cama y tomó sus lentes del librero cercano, se los puso y las pantuflas que estaban en el suelo, se levantó y se miró al espejo, la escasa luz no permitía mucha visión, eso era bueno, pues ella sabía que no se cuidaba tanto como otras chicas; sonrió ligeramente a su rostro redondo reflejado en el espejo del tocador, y finalmente bajó a saludar.
Era de noche otra vez, una fría noche de invierno que apenas empezaba y ella se acababa de levantar, lo que significaba que se había perdido media tarde de aquel día. Volteó a ver el reloj despertador cercano a su cabeza, los números rojos marcaban las seis de la tarde, había dormido cerca de tres horas, y el sol terminaba de ponerse, miró alrededor; la habitación borrosa se veía azul en los últimos minutos de luz diurna. Por un momento pensó en quedarse en cama por el resto de la tarde, entonces escuchó ruidos abajo. Su madre había llegado a casa. La muchacha se sentó sobre su cama y tomó sus lentes del librero cercano, se los puso y las pantuflas que estaban en el suelo, se levantó y se miró al espejo, la escasa luz no permitía mucha visión, eso era bueno, pues ella sabía que no se cuidaba tanto como otras chicas; sonrió ligeramente a su rostro redondo reflejado en el espejo del tocador, y finalmente bajó a saludar.
Mientras
bajaba, pensó en lo extrañas que habían sido las últimas semanas, eran
vacaciones de invierno y por alguna razón le empezaba a dar sueño después de
las doce, todos los días. A veces lograba vencerlo, pero normalmente se iba a
dormir y luego, cuando de verdad tenía que irse a la cama, no podía conciliar
el sueño.
Saludó a
su madre y se puso a lavar los trastos del día, luego volvió a su cuarto y tomó
algunos de los álbumes que estaban en la estantería a un lado de su cama.
Removiendo
los papeles que se encontraban en sus álbumes, le llamó la atención uno que
tenía solamente una dirección escrita, viéndolo bien, notó que tal dirección se
encontraba a tan sólo unas pocas cuadras de su casa. La muchacha volvió a
guardar todo y bajó a ver una película con su madre y hermano.
Aquella
mañana, ella tenía que ir a arreglar algunas cosas antes de entrar al siguiente
semestre. Por una corazonada, tomó también el papel que encontrara la noche
anterior y lo metió en su bolsa antes de salir.
A pesar
del fracaso que había sido el arreglo de la escuela, ella decidió ir a buscar
la dirección escrita en el misterioso papel. La búsqueda duró alrededor de diez
minutos pues como ella había supuesto, estaba razonablemente cerca de su propia
casa, un lugar abandonado, que hasta entonces no había visto. La muchacha miró
alrededor; a esas horas de la mañana no había nadie en la calle, así que se
armó de valor, pasó por el lugar donde antes hubiera una reja, y finalmente
entró en la casa, que si bien por fuera parecía estar abandonada y en ruinas,
por dentro parecía que el tiempo no le había afectado o que la habían arreglado
recientemente; era como si alguien viviera allí, pero no quisiera ser
encontrado.
Mientras
la muchacha se dedicaba a explorar la casa, desde las sombras, la observaban
sin que ella lo notara los habitantes del lugar que miraban asombrados como una
completa extraña estaba de curiosa en su hogar. Sin embargo, no pasó mucho
tiempo antes de que la joven se fuera y ambos salieron, uno de ellos del
escondite que había elegido entre las vigas del techo mientras que el otro simplemente se
materializó en el aire. El que saliera de entre las vigas todavía tenía fijos
sus ojos de dos tonos de verde en la
puerta por la que saliera hacia poco la intrusa de cabello castaño oscuro,
mientras su compañero seguía el mismo camino que ella tomara para asegurarse
que todo siguiera en su lugar, además de captar la energía de la muchacha con
tal de averiguar quién había entrado a su casa. Al regresar a donde había
comenzado, y dándose cuenta que su compañero ojiverde no se encontraba ahí,
salió para encontrarlo en el jardín delantero. El sol de mediodía reflejaba sus
rayos sobre el largo y alborotado cabello rojo brillante de su compañero, su
piel pálida, pero no enfermiza parecía agradecer la luz que llegaba a ésta.
Repentinamente volteó, sus ojos verdes se fijaron en su compañero, cuyo largo
cabello negro parecía absorber la luz y sus ojos color azul hielo, enmarcados
por su grisácea piel en su corpórea forma humana, miraban al pelirrojo entre divertidos y preocupados.
Sonriendo, el ojiazul se transformó en un gato cuyas características recordaban
un poco su forma humana, el sedoso pelo negro enmarcando los pálidos ojos
azules; dando un maullido, desapareció entre la hierba alta que rodeaba la casa, mientras su pelirrojo
compañero volvía adentro.
A medio
camino de vuelta a casa, la muchacha sintió que alguien la mirada. Se detuvo, y
volteó a todos los lados que pudo, al no ver a nadie, siguió su camino pensando
que estaba siendo sugestionada otra vez por las historias de terror que tanto
le gustaban sin saber que, a tan sólo unos pocos metros de distancia, un gato
negro, efectivamente la seguía. Al entrar a su casa y cerrar la puerta con
llave, el gato la siguió, volviéndose intangible antes de pasar por la puerta,
y quedándose como tal para que no lo descubrieran. Vio a la muchacha dejar su
bolsa en un sillón, que ya estaba atiborrado de cosas, y luego buscar un libro
de entre todos los que tenía en la casa.
—Creo
que mañana también iré—la oyó decir, mientras sacaba el libro que ya había
encontrado—parece un buen lugar, aunque sea para leer un poco.
Si bien
el gato no había visto bien su cara mientras ella estaba en su casa, ésta vez
pudo notar el extraño color de sus ojos; con el centro color miel y las orillas
del iris de un color verde claro, recordaban al ojiazul los ojos de su
compañero, que eran parecidos, pero el centro era de color verde claro, y las
orillas tenían un tono más oscuro.
La
muchacha dejó el libro a un lado, y subió las escaleras que estaban al final
del pasillo. El gato asintió. “Entonces te veré mañana” pensó antes de salir de
la misma manera en que había entrado, y recobrando su forma humana, fue de
vuelta a su propia casa.
“Esa
chica es interesante” pensó el pelirrojo luego que su amigo convertido en gato hubiera
salido. Si bien, aquello era una frase que su pelinegro compañero diría, él pensaba
de dicha manera. Al entrar a la casa, volvió a la realidad, ¿los habría visto?
El joven sacudió su cabeza y se dijo a sí mismo que no pensara en tonterías.
Era imposible que ella los viera, por algo había elegido su escondite al llegar
a aquel lugar. El ojiverde tomó un libro de las estanterías que llenaban las
paredes del vestíbulo, y se sentó a leer; sin embargo, no pudo concentrarse en
su lectura, y pronto dejó el libro a un lado, junto con sus lentes; y es que
algo le atraía de aquella muchacha, pero no lograba entender del todo qué era.
Recordó sus rasgos: estatura baja, descuidada en su andar, algo temerosa,
parecía ser una muchacha común, lo que hacía el hecho de que se había grabado
en su memoria aún más interesante.
No había
pasado mucho tiempo, cuando su amigo de cabello negro volvió.
—Estoy
aburrido—declaró al entrar.
Al
pelirrojo no le sorprendió aquello, pues era algo que pasaba muy seguido; el
ojizaul se sentó en el sillón frente al que su amigo se encontraba cruzando los
brazos, e inclinándose al frente como si fuera a decirle algo importante, su
largo cabello negro atado con una cinta azul, resbaló desde detrás de su
cuello, hasta enfrente de su pecho.
— ¿Qué te pasa, Hazel?—Preguntó.
—Nada—respondió el aludido, se recargó
en el respaldo de su asiento, alborotando aún más su ya despeinado cabello
rojo.
—Eres un mentiroso—dijo el ojiazul, él
también se recargó en su asiento, mirando al techo. –Si no te pasara nada ése
libro no estaría cerrado, lo estarías leyendo en lugar de hablar conmigo.
—A veces te odio, Rowan. —Hazel
contestó, lanzándole dagas con la mirada a su compañero.
—Lo sé. –el pelinegro respondió
sonriendo ampliamente.
El resto de la tarde transcurrió
normalmente para ellos. Rowan salió al poco rato, mientras que Hazel se quedó
leyendo el libro que había elegido anteriormente, logrando concentrase al fin.
La mañana siguiente, la muchacha había
tenido que ir a la escuela nuevamente; aunque otra vez, sus intentos por
arreglar algo antes de volver a clase se vieron frustrados, ella no se sentía
mal por ello, pues había llevado uno de sus libros favoritos y tenía planeado
volver a la casa a donde fuera el día anterior.
Al llegar, tocó la puerta por pura
costumbre y entró. La entrada era exactamente igual a como la recordaba, y la
luz de las ventanas llegaba bastantes más lejos que el día anterior, así que se
sentó adentró un poco más en la casa, y se sentó en el suelo a leer lo que
había traído. Entre las vigas, Hazel y Rowan observaban a la intrusa. De vez en
cuando, el pelirrojo le mandaba miradas asesinas a su amigo, mientras el
ojiazul le respondía con una sonrisa traviesa.
Al acercarse poco a poco el medio día,
la muchacha comenzó a cabecear, y al cabo de pocos minutos, se quedó dormida;
Rowan bajó de su escondite cuando lo notó, seguido poco después por su
pelirrojo amigo.
— ¿Porqué no me dijiste que también
vendría hoy? –Preguntó Hazel.
—Shhh… Cállate, la vas a despertar—contestó
el pelinegro en susurros. –Ella tiene la “visión” –continuó, cambiando de tema—pero
está sellada.
—Ahora que lo mencionas, —dijo el
ojiverde— puede que tengas razón, ayer sentí algo interesante sobre ella.
“Lo que tiene de interesante es que te
gusta, Baboso.” Pensó Rowan lanzándole rápidamente una mirada asesina a su
amigo.
— ¿Tú crees que… debamos quitar el
sello? –Preguntó Hazel después de unos momentos. El pelinegro asintió cruzando
los brazos.
—Lo necesitará muy pronto—dijo
finalmente. —Hazlo, Hazel.
— ¡De ninguna manera! —respondió el
pelirrojo. –Hazlo tú.
—Pero no funcionará conmigo—el ojiazul
contestó.
— ¿Y cómo sabes? Si tú eres quien
mencionó que está sellada. –Replicó Hazel.
—Y tú sugeriste quitarlo. –Continuó el
pelinegro.
—Aún así, —repuso el ojiverde. –Eres
mayor, y por tanto es más fácil que puedas quitar el sello.
—Te digo que no va a funcionar.
–Insistió Rowan, infantilmente.
—Y yo digo que sí—replicó el pelirrojo
cruzando los brazos.
—Eres imposible—contestó su amigo. Lo
miró por unos momentos a él y luego a la muchacha que dormía sentada sobre el
piso. Finalmente, el ojiazul suspiró. –Está bien—aceptó—yo lo haré, pero si no
funciona tendrás que hacerlo tú también, ¿de acuerdo?
—De acuerdo—respondió Hazel. “Después de
todo,” pensó el pelirrojo “el poder de Rowan debe ser suficiente para quitar el
sello. Además, yo ni siquiera sé que tendría que hacer.”
Mientras, el ojiazul se arrodillaba
enseguida de la chica, bajo la atenta miraba de su amigo, el pelinegro observó
a la muchacha por unos momentos.
—Bueno, —dijo finalmente Rowan—es un
sello bastante simple, así que creo que con esto será suficiente.
Apenas había dicho esto, cuando se
inclinó y besó a la muchacha en los labios. Al ver esto, Hazel lo apartó de
ella inmediatamente.
— ¡¿Qué crees que haces?! –Preguntó el
pelirrojo manteniendo a su amigo lo más lejos posible de su visitante.
— ¿Qué más? ¡Quitarle el sello!
–Contestó Rowan sonriendo descaradamente. – ¿Acaso estás celoso?
— ¡Claro que no! –Respondió el ojiverde
ruborizándose levemente.
—Ah, que mal. Si hubieras estado celoso
te podrías haber desquitado ahora –dijo el pelinegro –porque no funcionó.
Hazel volteó a ver a la chica, quien
seguía durmiendo sin problemas. “Mugre fantasma irlandés loco,” pensó “pero
tiene razón, no funcionó.”
—Creo que me meterás en problemas una
vez más, Rowan. –Dijo antes de arrodillarse a un lado de la muchacha.
—Lo sé, —contestó el fantasma
–apresúrate, Hazel.
“Tiene sentido que no funcionara” pensó
el pelinegro “solamente Hazel o alguien se su condición podría quitar el sello,
no es algo que yo pueda controlar.” El ojiverde seguía sin decidirse, pero
finalmente se armó de valor y la besó él también, retirándose rápidamente y
levantándose del suelo igual de rápido, volteó a ver a la muchacha, y ya iba a
decirle a Rowan que no había funcionado, cuando la chica comenzó a moverse.
— ¿Quiénes son ustedes? –preguntó la
muchacha pegándose lo más posible a la pared al percatarse de que estaba
acompañada.
Hazel parpadeó sorprendido, mientras que
Rowan casi se suelta riendo, el pelinegro se llevó las manos a la boca tratando
de ahogar la risa que pugnaba por salir de sus labios. La muchacha recogió las
piernas tratando de alejarse de ellos lo más posible.
—Creo que eres tú la que debe de
responder esa pregunta. –Dijo el ojiazul una vez que se pudo calmar lo
suficiente como para hablar. — Después de todo, tú entraste a nuestra casa sin
permiso.
— ¡Lo siento mucho!— Exclamó la muchacha
poniéndose de rodillas e inclinándose hacia adelante—no sabía que estuviera
habitada.
—No te preocupes por eso—contestó el
pelirrojo tendiéndole la mano. –Rowan puede ser bastante cruel cuando quiere,
perdón si te despertamos.
—Ah, no hay problema—respondió la chica,
tomando la mano de Hazel; él la ayudó a levantarse— de todas maneras, no
debería dormir por las tardes.
—Soy Hazel, —se presentó el ojiverde—y
el loco del cabello negro es Rowan.
— ¡Oye! –se quejó el aludido,
acercándose y dándole una palmada en la cabeza a su amigo.
—Ignóralo—continuó Hazel sobándose el
golpe. –Y dinos, ¿quién eres tú?
—Luan—respondió la muchacha.
—Bien señorita, —dijo Rowan sonriendo
pícaramente y apoyándose en los hombros del pelirrojo— ¿Qué harías si te dijera
que Hazel te besó mientras dormías?
La chica se ruborizó completamente, casi
parecía que su piel se había vuelto del mismo color que el cabello del
ojiverde. De pronto, reaccionó y le asestó una bofetada a Hazel.
— ¡Pervertido! –Exclamó, claramente
furiosa.
Finalmente, la risa que estuvo
conteniendo Rowan todo el tiempo se soltó, y riéndose a carcajadas, comenzó a
flotar por todo el lugar. En cambio el pelirrojo se sobaba el golpe, mirando
confundido a la chica, quien con la cabeza hacia abajo, y los puños apretados,
trataba de esconder su enojo y murmuraba cosas inaudibles.
—Te juro Rowan, —dijo Hazel al fin— que
si no fueras un fantasma, ahora mismo te mataba.
Aunque el aludido pareció no escuchar, y
se siguió riendo, Luan dejó de lado su furia y volteó hacia arriba.
— ¿Rowan es un fantasma? –Preguntó la
castaña, con los ojos miel-verdoso brillando de la emoción, que se estaba
sobreponiendo al enojo.
—Tanto como Hazel es un dhampyr–respondió el pelinegro
recobrando la seriedad finalmente y flotando a tan solo unos centímetros de las
vigas del techo.
— ¿Él es un dhampyr? –Volvió a preguntar la muchacha, señalando al pelirrojo.
Ambos asintieron bajo la mirada entre
confundida y asombrada de Luan.
— ¿Cómo sabes qué es un dhampyr? –Preguntó Hazel, sorprendido
por la falta de curiosidad de la chica en su raza.
—Oh, eso. –Contestó la de ojos bicolores
como si no fuera gran cosa— adoro las historias de terror.
—Eso no explica bien—agregó Roan. –Pero
sí sabes qué son los dhampyr, ¿no, Luan?
—Claro, —procedió a explicar la muchacha,
orgullosa de que su pequeña obsesión estuviera dando frutos por una vez—un dhampyr es un híbrido entre vampiro y
humano. En pocas palabras, un mitad vampiro.
Roan asintió en aceptación a la breve explicación
de Luan, mientras bajaba al suelo.
—Sin embargo, —continuó la chica— es la primera
vez que me encuentro con alguien así, me refiero, a un fantasma y un dhampyr.
—Eh… sobre eso… —dijo el pelinegro— tal
vez deberías agradecerla a Hazel; después de todo, si no fuera por él no me
podrías ver.
— ¿Eh? –dijo Luan sorprendida.
—El beso era para quitar el sello que
llevabas—explicó el ojiverde. — De otra forma, no podrías ver a Rowan ni aunque
se pusiera en forma visible.
De la sorpresa, la muchacha se llevó una
mano a los labios.
— ¡Perdón por golpearte! –Se disculpó
por fin, cuando pudo moverse.
—No te preocupes—respondió Hazel,
sonriendo— estoy bien.
—Y ahora que
se arregló el malentendido—continuó Rowan—tal vez querrías responder: ¿Qué
estabas haciendo en nuestra casa?
Luan los
miró a ambos unos momentos, dudando un poco sobre su respuesta, realmente no
sabía por qué había decidido entrar a la casa en primer lugar; aunque, con lo
que había pasado, se alegraba un poco de haberlo hecho.
—Verán, —dijo
finalmente. —Tenía la dirección en uno de los apartados de mis investigaciones,
así que quise venir para confirmar si había algo aquí, como me sorprendí por la
apariencia del lugar, pensé que podría venir a leer antes de que terminaran la
vacaciones.
—¿Tus
investigaciones tienen algo que ver con tu gusto por la historias de terror? —Preguntó
el pelirrojo cruzando los brazos.
—¡Todo! —Contestó
Luan, sus bicolores ojos brillando levemente—investigo los lugares que puedan
estar embrujados y que se encuentren cerca de mi casa.
—Entonces,
vives por aquí. —Afirmó el ojiazul como si no la hubiera seguido por todo el
camino el día anterior.
—Sí, —aceptó
la muchacha, sacó su teléfono del bolsillo y lo guardó igual de rápido, luego
de ver la hora. —De hecho, creo que ya debería irme.
—Te
acompañamos, —contestó Rowan—es justo que sepamos dónde vives si tú entraste a
nuestra casa.
—Eh... Claro—aceptó
Luan no muy convencida todavía; pero recogió sus cosas del suelo, mientras Hazel
abría la puerta para dejarlos salir, y en lo que Rowan tomaba, una vez más, la
forma de un gato negro a la que estaba tan acostumbrado. Para cuando Luan se
dio cuenta del cambio, la muchacha se quedó viéndolo, completamente asombrada;
el pelirrojo lo notó, y regañando con la mirada a su amigo convertido en
felino, llevó a la castaña hasta la puerta.
Así,
finalmente los tres se pusieron en camino, durante todo el trayecto, Luan y
Hazel se mantuvieron en silencio, a excepción de las breves indicaciones de la
chica sobre a dónde se dirigían. Por momentos, Rowan sentía que iba a morir del
aburrimiento, e incluso pensó en decirle a Hazel sobre lo que Luan era, aunque
prefirió no hacerlo, pues la naciente preocupación de su amigo por la chica, se
tornaría en terrible temor porque algo le pasara, y el fantasma había vivido lo
suficiente cerca del pelirrojo como para entenderlo; por lo que decidió callar
hasta que llegara el momento.
—Gracias por
acompañarme a casa—dijo Luan cuando faltaba ya poco menos de una cuadra para llegar.
—Ni lo
menciones, —respondió Hazel, Rowan maulló en protesta—sabemos lo que pasa en la
ciudad, aunque no lo parezca. Te habríamos acompañado ayer también, pero te
fuiste muy rápido.
—Ja, ja. Muy
gracioso, Hazel. —Contestó la muchacha en son de broma. —Los invitaría a pasar,
pero la casa es un desastre por dentro, y creo que mi hermanito está dormido
todavía.
—No te
preocupes por eso—dijo el pelirrojo, el gato negro habría puesto los ojos en
blanco si estuviera en su forma humana—en otra ocasión será.
Rowan maulló mirando fijamente al
ojiverde.
—¿Qué le
pasa? —Preguntó Luan, volteando a ver a Rowan, se agachó, y empezó a acariciar
su cabeza, pues siempre le habían gustado los gatos.
—No lo sé—mintió
Hazel—creo que quiere que vuelvas pronto a visitar.
—¡Claro que
lo haré! —Respondió la chica—tengo mucho tiempo libre antes de comenzar clases,
así que iré seguido.
—Esperamos
verte pronto entonces —el pelirrojo dijo.
—Mañana si
es posible. ¡Cuídense! —Respondió la chica, antes de entrar a su casa.
—Nos vemos. —Contestó
el dhampyr. Dio media vuelta y empezó
a caminar de regreso, seguido por el fantasma.
—Debiste de
haber insistido, Hazel. —Dijo el gato cuando se hallaban a dos cuadras de ahí.
—Ambos
sabemos que no es correcto. —Respondió el aludido.
—¿Y qué si
no es correcto? —Preguntó Rowan—ella entró a nuestra casa sin permiso, dos
veces además. Desde donde yo lo veo, es correcto.
—Para ti tal
vez—dijo el pelirrojo—si te quedas como invisible, sólo te veríamos Luan y yo,
pero conmigo es otra historia.
—Te podrías
haber inventado algo—contestó el gato negro volviendo a su forma humana. —Es
buena actriz, te habría seguido la corriente de todas maneras.
—¿Cómo sabes
eso? —Preguntó su amigo.
—Se le nota,
—respondió el pelinegro—nadie es así de alegre, ni reacciona tan
exageradamente; pero hay que admitir que eso la hace divertida.
El ojiverde
le lanzó una mirada asesina mientras seguían caminando.
—En todo
caso, —siguió hablando Rowan. —Es bueno tener al menos un amigo en la ciudad.
¿No lo crees?
—Tal vez, —aceptó
el pelirrojo. —Sin embargo, no sabemos si realmente sea bueno, ¿o te tengo que
recordar la cacería de la última ciudad?
—Eso fue
hace ciento cincuenta años—replicó el ojiazul atravesando la puerta de la casa,
mientras su amigo sacaba su llave. —A veces me pregunto por qué eres tan
paranoico, Hazel.
—Para
empezar, —el dhampyr contestó
abriendo la puerta—no eras tú a quien estaban persiguiendo.
—¡Cierto! —Exclamó
Rowan sonriendo. Estaba flotando cerca de las vigas del techo, y dio una vuelta
hacia atrás para dar énfasis a su respuesta.
Hazel negó
con la cabeza en señal de reprobación mientras cerraba la puerta tras de sí;
luego, tomó uno de sus libros preferidos de las estanterías, tomó sus lentes de
la mesa cercana, y se puso a leer, ignorando los trucos aéreos de Rowan, quien
finalmente, al ver que no podía volver a llamar la atención de su amigo, se transformó
en gato otra vez, y salió a explorar.
"Al
parecer" pensó el pelinegro mientras caminaba por las bardas "no eres
el único dhampyr en el mundo, Hazel;
y conociéndote, vamos a protegerla para que no le pase lo que a ti."
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