¡Episodio nuevo, chicos! Espero que la novela les esté gustando, agradezco los comentario, por cierto. Disfruten.
Luna
¿Cómo? Era
la pregunta que Hazel no dejaba de hacerse desde que la noche anterior Rowan
había sugerido enseñar defensa a Luan. Le parecía que cada vez se alejaba más
de la muchacha.
En parte, el
pelirrojo se había sentido aliviado por saber que ella era alguien de su raza,
que ciertamente eso había dado fundamento a su miedo porque algo le pasara,
pero el hecho de que Luan tuviera alas le hacía sentir que estaban a mundos de
distancia.
Finalmente
suspiró y bajó el libro que llevaba veinte minutos tratando de leer.
“Lo bueno es
que Rowan se encargó de que nadie más se diera cuenta” pensó el pelirrojo
frotando el lugar donde habían estado apoyados sus lentes. “Si no lo hubiera
hecho… No quiero ni imaginarlo.”
Hazel se
levantó y comenzó a pasear por la sala; viendo la luz proveniente de las
ventanas todavía era temprano. Rowan había salido diciendo que buscaría algo
que necesitaban, así que la casa estaba en completo silencio, situación en la
que normalmente estaría cómodo, pero las circunstancias no lo permitían: el
joven de ojos verdes tenía mucho en qué pensar y ninguna solución posible
parecía satisfacerle.
Se dejó caer
de nuevo en el sillón, mirando las vigas sobresalientes del techo, donde él y
Rowan se habían escondido durante la primera visita de Luan a su casa. Existían
varios métodos que podían usar, Hazel lo sabía bastante bien, pero ninguno de
los que él conocía le agradaban lo suficiente para enseñárselos a la chica;
simplemente, no podía imaginarla usando alguna de esas técnicas.
Un maullido
quedo anunció la vuelta de Rowan, Hazel lo ignoró y siguió mirando el techo.
—Luan
llegará en cualquier momento—comentó Rowan dejando un paquete alargado y
envuelto en papel café en el suelo. Su amigo no respondió, aunque Rowan no
esperaba una respuesta pues podía intuir los pensamientos de su amigo. El
rostro del fantasma se iluminó con una sonrisa traviesa, y sin que el pelirrojo
sospechara nada, apuntó y…
—¡Oye!—Hazel
se levantó a toda prisa del sillón sobándose la nuca, estaba molesto.— ¿Por qué
hiciste eso?
—Yo no hice
nada—mintió el de cabello negro, la energía residual del proyectil que le había
lanzado a su amigo terminó de disiparse, su sonrisa se amplió.
—¡Claro que
hiciste algo!—exclamó el dhampyr.—Siempre que algo malo me pasa en esta casa
tiene algo que ver contigo.
—¿De qué
estás hablando?—La sonrisa se borró de la cara de Rowan, tal vez había sido
demasiado.
—Olvídalo,
no tiene sentido—respondió Hazel, quien se volvió a sentar, esta vez inclinado
hacia adelante concentrado en sus manos.
El de ojos
color hielo sacudió la cabeza lentamente, confundido. Recogió el paquete del
suelo y lo colocó sobre la mesa en la que Hazel solía dejar sus libros.
Probablemente debería disculparse.
—Eh… ¿Me
perdí de algo? –Una voz conocida dijo desde la desvencijada puerta. Luan había
llegado.
Ambos
voltearon, pero Hazel volvió la mirada al suelo al ver las alas que ahora
surgían de la espalda de la muchacha.
—No es nada—Rowan
mintió. La castaña entró y dejó su mochila en el suelo, cruzando los brazos
sobre el pecho. No se lo creía en absoluto, pero también sabía que no estarían
dispuestos a explicarlo.
—Mentiroso—lo
acusó jugando y se acercó a ellos.—¿Qué te pasa, Hazel?
—No te
preocupes por él, estará bien—dijo Rowan rápidamente—¿Estás lista?
—No puedo
estar lista si no sé qué voy a hacer.—Contestó Luan luego de una última mirada
al pelirrojo, quien seguía sumido en sus pensamientos.
—Que mal…
Bueno, no importa—continuó Rowan volviendo a tomar el paquete que había traído—sé
que esto te gustará.
Le entregó
el paquete a la chica, quien lo recargó en el suelo con cuidado, mirando
confundida al fantasma. Rowan le indicó que lo abriera y ella, aún
desconfiando, obedeció. El papel afé había cubierto una espada de cruz sencilla,
de mango de madera teñida de negro; de doble filo, la hoja plateada brillaba
ligeramente en la oscuridad casi absoluta de la sala. Luan levantó el arma
asombrada, era un poco pesada, pero ya no lo sentía, pues miraba fijamente los
débiles destellos de luz que despedía el acero.
—Creo que
finalmente has terminado de volverte loco, Rowan—Hazel habló por fin.
—¿Por qué lo
dices?—Preguntó el aludido.
—Luan no
puede ir por allí con una espada, es demasiado llamativo, sin mencionar, que no
sabe utilizarla.
—Sí,—admitió
Rowan—pero el arma tiene el mismo hechizo que le puse a sus alas, así que
solamente gente con la visión pueden verla. En cuanto al manejo, nosotros le
enseñaremos.
—¿De verdad?—Luan
preguntó ilusionada, sus ojos verde-miel brillaban con casi la misma intensidad
que la espada en su mano derecha.
—Por
supuesto—contestó Rowan—de no ser así no te la habría conseguido.
La chica
dejó cuidadosamente el arma en el suelo y abrazó al fantasma.
—¡Gracias,
gracias!—Exclamó alegremente.
—De ninguna
manera voy a permitirlo—Hazel agregó mientras Luan volvía a agarrar la espada
para observarla de nuevo.
—¡Oh, vamos!
Anímate por una vez. Estoy seguro de que si le enseñamos nosotros estará más
segura que si lo intentara por su cuenta.
Rowan tenía
razón, si dejaban que Luan entrenara sola, lo más probable era que la joven
terminara herida antes que tuviera alguna oportunidad para probarse a sí misma.
—Está bien—accedió
el pelirrojo—pero va a comenzar con una de madera.
—Claro, no
estaba pensando empezar con el filo.—Contestó Rowan.
—Gracias,
Hazel.—Luan había vuelto a dejar la espada y abrazó al pelirrojo, él sólo le
acarició el cabello antes de que ella lo soltara.
—Bien, será
mejor que empecemos—sonrió Rowan guiando el camino al patio interior.
Ya era cerca
de mediodía. Rowan había sido el de la idea, pero en realidad, no había hecho
más que llevarlos al patio y observar en forma de gato.
Al igual que
el resto del edificio, el patio ofrecía una imagen descuidada. Era una
rectángulo de tierra en la que una vez crecieron árboles, cuyos troncos seos
seguían de pie como espectadores al improvisado duelo entre dhampyrs.
—¡Alto!—
Exclamó Hazel por enésima vez. Luan se detuvo y miró con curiosidad al
pelirrojo, preguntándose qué habría estado mal.
—Luan, tu
postura sigue estando mal. Debes mantener la espalda recta. Y está bien que te
estoy dejando usar las dos manos para sostener el arma hasta que te acostumbres
a su peso, pero…
—Eres un
pésimo maestro, Hazel.—Interrumpió Rowan.
—Si crees
que es tan fácil, ven e inténtalo tú mismo.—Respondió el pelirrojo.
El gato
negro retornó a su forma humana y tomó la espada de madera que le tendía Hazel.
—¿Lista
niña?—Preguntó, poniéndose en posición.
Luan
asintió. El fantasma atacó, ella esquivó y bloqueó con su espada. Esta vez,
Rowan atacó desde abajo, a lo que la chica respondió con un salto hacia atrás
al tiempo que bloqueaba el nuevo ataque de Rowan que venía por su izquierda. El
de ojos azules sonrió, la chica respondió con un giro, atacándolo por la
derecha de Rowan, quien bloqueó el ataque, aprovechando el cual, Luan giró su
espada con la propia, lanzando el arma de Rowan hacia uno de los viejos
árboles.
—Bien hecho—dijo
el fantasma poniendo una mano sobre la cabeza de la chica—cuando hayas mejorado
podemos intentar otra vez. Pero Hazel tiene razón, te la dejo.
Dicho esto,
subió a una de las ramas más bajas de los árboles, mientras el pelirrojo
recogía el arma de madera del suelo y volvía con Luan.
—Muy bien—murmuró
besando su frente.
—Rowan
estaba jugando, ¿no?— Contestó la chica con la mirada en el piso, un ligero
tono rojizo que no tenía nada que ver con el ejercicio había comenzado a
aparecer en sus mejillas.
—Sí—coincidió
Hazel—y aún así lo desarmaste, aunque claro, con las dos manos aplicas más
fuerza…
—Pero…—Luan
puso los ojos en blanco.
—Pero, tu
postura y agilidad siguen siendo un desastre.
—Eso pensé—sonrió
la muchacha, Hazel le devolvió el gesto y continuó:
—Luan, sabes
que no estoy de acuerdo con que aprendas esto; eso no significa que no debas
esforzarte, como en cualquier estilo, debes tener cuidado, un paso en falso
puede ser el fin. Por eso mismo es que te estoy enseñando, así que quiero que
me escuches muy bien: mientras sigas entrenando, será mejor que uno de nosotros
esté cerca, no uses tu arma si puedes evitarlo, es más, no la lleves a ningún
sitio hasta que tengas la experiencia suficiente. Y una cosa más, el hecho de
que estás practicando debe ser un secreto conocido solamente por nosotros tres.
¿Está claro?
—Por
supuesto—contestó Luan. No le agradaba mucho la idea de tener guardia, pero
Hazel ya había puesto las condiciones.
—Bien.—Dijo
el pelirrojo—vamos de nuevo. Recuerda mantener la espalda recta, si logras
durar cinco minutos así, seguiremos con una mano.
Hacia el
mediodía, Tuomas había salido del campamento que habían montado. Tenía mucho en
qué pensar. Temprano en la mañana, Dragomir había ido a hablar otra vez con los
líderes de las otras razas para darles su respuesta acerca de sus peticiones.
Ahora, Tuomas debía ideas una forma de acercarse a la Gealach, y sabía que no
iba a ser muy sencillo, pues se le había ocurrido alertar a su viejo amigo,
quien la conocía. Ciertamente, le había dicho a Hazel todo aquello para
molestarlo, pero la mirada que le dirigió el pelirrojo al despedirse el día
anterior lo hacía víctima de una terrible amenaza si era atrapado tratando de
hablar con la chica.
Necesitaba
un espía, pero no estaba seguro de que alguno de los miembros del clan fuera
apto para el papel. Podría dejárselo a Dragomir, mas no confiaba en él lo suficiente,
a pesar de escuchar su consejo cuando lo consideraba necesario.
Eventualmente,
Tuomas se encontró vagando por la zona más antigua de la ciudad. Al llegar a la
plaza en la que se había encontrado con Hazel previamente, giró por una de las
calles por las cuales no pasaban automóviles. Esperaba que el ruido de la
multitud lo ayudara o, por lo menos, lo distrajera de los problemas que
parecían acumularse en su mente. Su idea no funcionó como había pensado. El
ruido era, ciertamente, demasiada distracción, pero no la suficiente como para
que pudiera dejar de lado sus cavilaciones.
Suspirando,
el albino se dirigió hacia un edificio que parecía albergar varios locales de
diversa índole; al entrar, pudo ver que muchos de ellos estaban aún en proceso
de apertura. "Tal vez me pueda encontrar a Dragomir aquí" pensó de
manera distraída mientras subía por las escaleras a un costado de edificio.
"Después de todo, muchos de los otros líderes viven o trabajan en zonas
cercanas."
Tuvo que
subir dos plantas más para encontrar un sitio relativamente vacío, con varias
mesas que cubrían buena parte del espacio, alrededor de las cuales, habían
varios locales en los que se vendían alimentos. Tomó asiento mirando sin ver a
los empleados de las tiendas; aquí o allá, un par de orejas puntiagudas o unos
ojos de pupila vertical cruzaban su mirada, pero esto sólo confirmaba lo ya
conocido.
Finalmente,
su mente comenzó a maquinar un plan por medio del cual podría acercarse a la
dhampyr: lo ideal para él y el clan era hacerse con ella lo antes posible, pero
esto se complicaba por falta de cercanía. De modo que, debería encontrar
primero a alguien cercano a la muchacha, persona quien, no lo conociera ya, a
partir de allí, todo tomaría forma.
Cerca de él,
alguien se aclaró la garganta ruidosamente, devolviendo a Tuomas a la realidad.
Una chica con orejas de gato sobresaliendo
de su cabeza lo sonreía con amabilidad fingida, ofreciendo al mismo
tiempo los pastelillos y postres que llevaba en una bandeja. El de ojos azul
oscuro, se palpó los bolsillos y sacó su cartera, señalando uno de los panes al
azar, a pesar de no tener hambre.
"Cualquiera
diría que no hay bakeneko(*) aquí, y mira esto" pensó mientras la chica le
entregaba su compra en una servilleta de papel, para rápidamente darse la
vuelta después del pago y caminar alegremente de regreso a su local, una larga
y delgada cola peluda se alzaba por encima del cinturón que sostenía su
pantalón de mezclilla y se balanceaba rítmicamente.
Casi
imediatamente, Tuomas volvió a afinar los detalles del plan, tratando de
considerar todos los posibles resultados. Esta vez, sin embargo, lo distrajo un
aroma. Los miembros del clan que habían sido enviados para recopilar
información acerca de la Gealach habían hecho mención del olor característico
emitido por la escuela a la que asistía la dhampyr: una mezcla de pasto, humo
de cigarro y humedad. Por supuesto, el pasar gran cantidad de tiempo en el
edificio, tanto los alumnos como los maestros y personal quedaban impregnados
del olor mismo.
Dicho aroma
era ligero, pero lo reconoció al instante. En ese momento, encontró la mecha
que pondría su plan en marcha. Usaría a uno de los compañeros de la muchacha.
El vampiro
volteó disimuladamente mordiendo su pan, buscando con la mirada a quien hubiese
llevado el aroma hasta allí. Finalmente, encontró a la persona indicada: una
sirena de largo cabello negro-azulado, el cual cubría las aletas a la altura de
sus orejas. Estaba sola, al otro lado de la zona comercial, y escuchaba música
mientras buscaba algo en su bolsa.
Se levantó y
se acercó a ella, llamando su atención.
—¡Hola!—
Saludó. Volteó la sirena inmediatamente y lo miró extrañada.
—Hola—
respondió ella, volviendo a su búsqueda.
—Disculpa,
estaba buscando a una amiga. — Tuomas continuó, ignorando la actitud
indiferente de la chica. — Creí que la podría encontrar aquí. ¿No la habrás
visto?
La sirena
suspiró y lo volvió a mirar, sus enormes ojos sin pupilas revelaban su
molestia. Enderezándose cruzó los brazos, era casi tan alta como Tuomas.
—Depende,
¿cómo es?
—Oh, es
tanto así de alta — el vampiro situó su mano a la altura de su corazón,
esforzándose por mantenerse en el papel auto-impuesto — cabello castaño oscuro,
usa lentes, complexión mediana y piel algo clara.
La muchacha
inclinó su cabeza a la izquierda, con una expresión confundida en el rostro.
—¿Estás
buscando a Luan? — Preguntó.
—¡Sí! ¡Así
se llama! — sonrió Tuomas aliviado — ¿Las has visto?
—Hoy no... —añadió
la sirena— pero la voy a ver más tarde, ¿quieres que le diga algo de tu parte?
—No, está
bien. Sólo dime algo... uh...
—Nannya.
—Nannya... —Tuomas
repitió el nombre, a veces era tan fácil conseguirlos— ¿No sabes dónde estudia?
—¡Claro!
Estamos en la misma clase —contestó Nannya.
—¿En serio?
—Sí, mira —Nannya
escribió algo rápido y le entregó un trozo de papel a Tuomas.— Es muy probable
que la encuentres allí.
—Muchas
gracias —respondió Tuomas sonriendo, si lograba mantener contacto visual por
unos segundos más...
—No ha sido
nada —dijo la sirena.
—Otra cosa, —continuó
el de los ojos oscuros— ¿me podrías decir en qué dirección queda?
Nannya lo
miró momentáneamente a los ojos, súbitamente sin posibilidad de responder.
—Muy bien —dijo
Tuomas, abandonando finalmente su personaje— siéntate, Nannya.
La sirena
obedeció. En sus ojos sin pupilas, el vampiro pudo volver a ver la desconfianza,
se sentó él también frente a ella y sonrió, ésta vez, genuinamente.
—Antes de
continuar, —dijo— debo dejarte algo muy claro: no quiero que le digas una sola
palabra sobre esto a nadie, ¿entendido?
Nannya
asintió lentamente.
—Ahora, me
gustaría que me dijeras todo lo que sabes acerca de Luan an ann Dùbh.
Siempre le
había gustado cocinar, muchas veces le ayudaba a pensar al estar pendiente de
la preparación de los alimentos; y en ese momento tenía mucho en qué pensar.
El entrenamiento
había salido bien. Hazel había dio que en dos semanas más podría empezar con
mayores dificultades, aunque según Rowan aún seguía muy verde como para que
alguno de ellos la tomara en serio. Aún así, había dejado de usar las dos manos
y Rowan le había recomendado que buscara ejercicios para mejorar su agilidad,
con la premisa de que, al ser pequeña debía usar eso a su favor, en lugar de
fuerza.
Luan tapó la
olla y bajó la intensidad del fuego. Aún no se acostumbraba al ligero
cosquilleo que le causaban las plumas de la espalda, y temía tirar algo con ellas
pero afortunadamente, había notado que solían pasar a través de los objetos,
pues cuando pensaba que iba a tener problemas con una cosa frágil, volteaba
rápidamente y éste seguía en su sitio. Sin embargo, aún no se decidía a
mencionárselo a sus amigos, por sus reacciones previas. Tal vez fuera más fácil
decírselo a Rowan, pues no actuaba tan repentinamente como Hazel. A esto habría
que agregarle el hecho de que quizá su madre sospechaba algo y la muchacha
pensaba que su hermano menos también gozaba de alguna habilidad.
—Huele bien.
Si tan sólo me sirviera de algo… —la voz de Rowan la jaló de vuelta a la
realidad.
El fantasma
estaba apoyado en la pared contraria a ella. “De no ser por su pequeña manía de
flotar” pensó Luan “podría pasar por alguien normal.”
—¿No es
demasiado para dos personas? –Preguntó el de ojos color hielo.
La muchacha
miró la olla que borboteaba suavemente sobre la estufa.
—Es posible,
—admitió encogiendo los hombros.— Suelo cocinar más de lo necesario además,
¿qué no a los hombres les da más hambre?
Rowan sonrió
ampliamente.
—Cierto.— Se
acercó a la estufa y destapó el guiso, llenando la cocina con su aroma.—
Siguiendo lo que oía de pequeño serás una buena esposa.
—No me des
esperanzas— suspiró Luan mirando hacia el suelo.
—Si tú lo
dices, pero creo que no soy el único que pensaría eso.
Luan no
respondió, se acercó a la estufa, arrebatándole la tapadera a Rowan y miró las
burbujas que brotaban en el caldo antes de taparlo de nuevo. Aún faltaba algo
de tiempo.
—Hazel no
debe tardar ya –continuó el fantasma, Luan seguía sin responder había comenzado
a buscar platos en los cuales servir. Rowan sonrió, sabía que la muchacha no se
decidía a hablar y también el porqué de ello tampoco quería forzarla a decirlo.
Fuera lo que fuera, Luan lo diría cuando ella considerara necesario.
—Oye, —murmuró
la chica— ¿Qué es lo que está pasando?
—¿Con qué?
Luan le
comentó rápidamente lo que había visto hacer a sus alas, Rowan la escuchó
atentamente hasta el final, poco le faltó para contener la risa cuando mencionó
también las reacciones de Hazel, pero las comprendía y se mantuvo en silencio.
—No es nada
por lo que preocuparse –dijo finalmente— es parte de tus habilidades, no por
nada tus alas estuvieron ocultas por tanto tiempo.
Rowan sabía
que no podía decírselo todo aún, era mejor así.
Luan sirvió
el guiso en silencio, meditando la respuesta de Rowan, sentía que aún faltaba
algo en la explicación, pero sabía que no debía apresurar las cosas.
—¿Por qué no
dijiste que tu casa estaba vacía? –Hazel preguntó desde la puerta sorprendiendo
a la muchacha, causando que casi tirara los platos.
—No sabía
que tenía que decírtelo— contestó colocándolos sobre la mesa.
—Debiste de
haberlo hecho— dijo el pelirrojo. Luan podía sentir sus ojos fijos en la
espalda. Hazel se aercó y le devolvió sus llaves.— Por favor dime que no
dejaste cocinar a Rowan.
—No lo hizo –añadió
el fantasma sacándole la lengua.
—Bien, eso
explica muchas cosas –sonrió Hazel.
Rowan puso
los ojos en blanco antes de anunciar su partida e irse dejándolos solos. Luan
terminó de servir las bebidas.
—¿Tiene algo
importante el que mi casa esté vacía? –Preguntó al sentarse.
—Tal vez –respondió
el pelirrojo.
—Hazel –dijo
la muchacha en tono de reproche. La luz de la única ventana de la cocina se
reflejaba en su ojo izquierdo, haciéndolo parecer un par de tonos más verdoso.
—Es sólo que
podría explicar porqué duras tanto tiempo aquí –continuó él después de un
momento.
La muchacha
había comenzado a recoger su plato.
—Es posible –dijo
finalmente.
Aquella era
la primera vez que probaba algo preparado por ella. Hazel miró el plato frente
a él. Era un guisado sencillo pero olía bien y el pelirrojo no quería ofenderla
al no comerlo.
—Gracias. –Dijo
cuando terminó, había sido sorprendentemente bueno. La muchacha le sonrió en
respuesta, hacían ya varios minutos desde que el efecto de la luz desapareciera
de su rostro, pero aquella sonrisa entre dulce, tímida y orgullosa, le pareció
una de las más sinceras que le había visto, haciendo que la tensión en su pecho
aumentara.
Luan sabía
que Hazel escondía algo por cómo estaba actuando. Sin embargo, no le molestaba
y fuera lo que fuera, comprendía que él lo superaría eventualmente. Sacó su
teléfono para revisar la hora, deberían de irse pronto. Tomó su mochila del
suelo, mientras Hazel se aseguraba de haber cerrado el patio.
Tuomas había
decidido que lo más sensato sería asegurarse de la obediencia de Nannya. Sabía
que arriesgaba demasiado con seguirla a clases, pero ello también le permitiría
vigilar a Luan. En realidad, la sirena había sido de poca ayuda; de ella supo
que la dhampyr casi no tenía amigos, pero eso no le era de importancia por
haber conseguido a alguien relativamente cercano a ella, de allí en más, todo
lo que le había mencionado Nannya, el clan lo había descubierto por su cuenta.
El vampiro
se había quedado en los jardines del edificio, de modo que podría ver cuando
llegaran tanto Luan como Nannya. La castaña fue la primera en llegar, podría
habérsele acercado y así ahorrarse mucho trabajo, pero Luan iba acompañada de
un conocido de ambos, Hazel, quien se había tomado la amenaza muy en serio, tal
y como Tuomas había notado el día anterior. Afortunadamente, el pelirrojo no lo
vio, y ambos entraron al edificio. Pasaron varios minutos más antes de que
llegara al fin Nannya. La sirena iba apresurada pues de acuerdo con lo que le
había dicho previamente, su clase comenzaría pronto.
Tuomas se
levantó por fin del suelo surcado de pasto y siguió a Nannya a cierta
distancia. En determinado momento la sirena volteó y él la saludó desde lejos,
sonriendo, Nannya no contestó el saludo sino que siguió su camino aún más
aprisa. Él la siguió a una distancia segura y se preparó a vigilarla por lo que
quedaba de la tarde.
El hecho de
que el grupo no saliera seguido hizo de su tarea algo sencillo. El término de
la segunda hora salieron Nannya, Luan y otro muchacho; seguirlos fue fácil,
pero su destino la cafetería ubicada en el sótano del edificio, probó ser un
lugar complicado, pues contaba solamente con una entrada, por lo que sería fácilmente
reconocido por alguien que lo conociera, como Nannya o Hazel, quien
afortunadamente no había aparecido todavía.
Justo como
había pensado, la sirena era cercana a Luan, razón por la cual Tuomas comenzó a
idear el cómo podría hablar con ella y Nannya sería parte de ese plan, muy a pesar
del vampiro. Aquella fue la primera vez que observaba a la dhampyr en persona y
efectivamente, la joven no daba señales de ser más que una humana,
probablemente por cómo había sido criada; sin embargo, parecía poseer sentidos
finos por lo que un par de veces volteó a verlo directamente antes de volver a
la conversación de sus acompañantes.
A pesar de
esto no tuvo Tuomas contratiempo alguno y las horas del turno vespertino
trascurrieron plácidamente. Como había esperado el vampiro, Hazel fue a buscar
a Luan al término de las clases. Dando por terminado su deber, Tuomas volvió
finalmente al campamento, pues aún tenía un ensayo que dirigir y un plan que
afinar.
(*)
Bakeneko. Literalmente, gato fantasma o monstruoso. Criatura de la mitología
japonesa.