martes, 19 de agosto de 2014

Pimeyden Asukaat. Capítulo 3: Dudas y Planes

¡Episodio nuevo, chicos! Espero que la novela les esté gustando, agradezco los comentario, por cierto. Disfruten.
                                             Luna



¿Cómo? Era la pregunta que Hazel no dejaba de hacerse desde que la noche anterior Rowan había sugerido enseñar defensa a Luan. Le parecía que cada vez se alejaba más de la muchacha.
En parte, el pelirrojo se había sentido aliviado por saber que ella era alguien de su raza, que ciertamente eso había dado fundamento a su miedo porque algo le pasara, pero el hecho de que Luan tuviera alas le hacía sentir que estaban a mundos de distancia.
Finalmente suspiró y bajó el libro que llevaba veinte minutos tratando de leer.
“Lo bueno es que Rowan se encargó de que nadie más se diera cuenta” pensó el pelirrojo frotando el lugar donde habían estado apoyados sus lentes. “Si no lo hubiera hecho… No quiero ni imaginarlo.”
Hazel se levantó y comenzó a pasear por la sala; viendo la luz proveniente de las ventanas todavía era temprano. Rowan había salido diciendo que buscaría algo que necesitaban, así que la casa estaba en completo silencio, situación en la que normalmente estaría cómodo, pero las circunstancias no lo permitían: el joven de ojos verdes tenía mucho en qué pensar y ninguna solución posible parecía satisfacerle.
Se dejó caer de nuevo en el sillón, mirando las vigas sobresalientes del techo, donde él y Rowan se habían escondido durante la primera visita de Luan a su casa. Existían varios métodos que podían usar, Hazel lo sabía bastante bien, pero ninguno de los que él conocía le agradaban lo suficiente para enseñárselos a la chica; simplemente, no podía imaginarla usando alguna de esas técnicas.
Un maullido quedo anunció la vuelta de Rowan, Hazel lo ignoró y siguió mirando el techo.
—Luan llegará en cualquier momento—comentó Rowan dejando un paquete alargado y envuelto en papel café en el suelo. Su amigo no respondió, aunque Rowan no esperaba una respuesta pues podía intuir los pensamientos de su amigo. El rostro del fantasma se iluminó con una sonrisa traviesa, y sin que el pelirrojo sospechara nada, apuntó y…
—¡Oye!—Hazel se levantó a toda prisa del sillón sobándose la nuca, estaba molesto.— ¿Por qué hiciste eso?
—Yo no hice nada—mintió el de cabello negro, la energía residual del proyectil que le había lanzado a su amigo terminó de disiparse, su sonrisa se amplió.
—¡Claro que hiciste algo!—exclamó el dhampyr.—Siempre que algo malo me pasa en esta casa tiene algo que ver contigo.
—¿De qué estás hablando?—La sonrisa se borró de la cara de Rowan, tal vez había sido demasiado.
—Olvídalo, no tiene sentido—respondió Hazel, quien se volvió a sentar, esta vez inclinado hacia adelante concentrado en sus manos.
El de ojos color hielo sacudió la cabeza lentamente, confundido. Recogió el paquete del suelo y lo colocó sobre la mesa en la que Hazel solía dejar sus libros. Probablemente debería disculparse.
—Eh… ¿Me perdí de algo? –Una voz conocida dijo desde la desvencijada puerta. Luan había llegado.
Ambos voltearon, pero Hazel volvió la mirada al suelo al ver las alas que ahora surgían de la espalda de la muchacha.
—No es nada—Rowan mintió. La castaña entró y dejó su mochila en el suelo, cruzando los brazos sobre el pecho. No se lo creía en absoluto, pero también sabía que no estarían dispuestos a explicarlo.
—Mentiroso—lo acusó jugando y se acercó a ellos.—¿Qué te pasa, Hazel?
—No te preocupes por él, estará bien—dijo Rowan rápidamente—¿Estás lista?
—No puedo estar lista si no sé qué voy a hacer.—Contestó Luan luego de una última mirada al pelirrojo, quien seguía sumido en sus pensamientos.
—Que mal… Bueno, no importa—continuó Rowan volviendo a tomar el paquete que había traído—sé que esto te gustará.
Le entregó el paquete a la chica, quien lo recargó en el suelo con cuidado, mirando confundida al fantasma. Rowan le indicó que lo abriera y ella, aún desconfiando, obedeció. El papel afé había cubierto una espada de cruz sencilla, de mango de madera teñida de negro; de doble filo, la hoja plateada brillaba ligeramente en la oscuridad casi absoluta de la sala. Luan levantó el arma asombrada, era un poco pesada, pero ya no lo sentía, pues miraba fijamente los débiles destellos de luz que despedía el acero.
—Creo que finalmente has terminado de volverte loco, Rowan—Hazel habló por fin.
—¿Por qué lo dices?—Preguntó el aludido.
—Luan no puede ir por allí con una espada, es demasiado llamativo, sin mencionar, que no sabe utilizarla.
—Sí,—admitió Rowan—pero el arma tiene el mismo hechizo que le puse a sus alas, así que solamente gente con la visión pueden verla. En cuanto al manejo, nosotros le enseñaremos.
—¿De verdad?—Luan preguntó ilusionada, sus ojos verde-miel brillaban con casi la misma intensidad que la espada en su mano derecha.
—Por supuesto—contestó Rowan—de no ser así no te la habría conseguido.
La chica dejó cuidadosamente el arma en el suelo y abrazó al fantasma.
—¡Gracias, gracias!—Exclamó alegremente.
—De ninguna manera voy a permitirlo—Hazel agregó mientras Luan volvía a agarrar la espada para observarla de nuevo.
—¡Oh, vamos! Anímate por una vez. Estoy seguro de que si le enseñamos nosotros estará más segura que si lo intentara por su cuenta.
Rowan tenía razón, si dejaban que Luan entrenara sola, lo más probable era que la joven terminara herida antes que tuviera alguna oportunidad para probarse a sí misma.
—Está bien—accedió el pelirrojo—pero va a comenzar con una de madera.
—Claro, no estaba pensando empezar con el filo.—Contestó Rowan.
—Gracias, Hazel.—Luan había vuelto a dejar la espada y abrazó al pelirrojo, él sólo le acarició el cabello antes de que ella lo soltara.
—Bien, será mejor que empecemos—sonrió Rowan guiando el camino al patio interior.

Ya era cerca de mediodía. Rowan había sido el de la idea, pero en realidad, no había hecho más que llevarlos al patio y observar en forma de gato.
Al igual que el resto del edificio, el patio ofrecía una imagen descuidada. Era una rectángulo de tierra en la que una vez crecieron árboles, cuyos troncos seos seguían de pie como espectadores al improvisado duelo entre dhampyrs.
—¡Alto!— Exclamó Hazel por enésima vez. Luan se detuvo y miró con curiosidad al pelirrojo, preguntándose qué habría estado mal.
—Luan, tu postura sigue estando mal. Debes mantener la espalda recta. Y está bien que te estoy dejando usar las dos manos para sostener el arma hasta que te acostumbres a su peso, pero…
—Eres un pésimo maestro, Hazel.—Interrumpió Rowan.
—Si crees que es tan fácil, ven e inténtalo tú mismo.—Respondió el pelirrojo.
El gato negro retornó a su forma humana y tomó la espada de madera que le tendía Hazel.
—¿Lista niña?—Preguntó, poniéndose en posición.
Luan asintió. El fantasma atacó, ella esquivó y bloqueó con su espada. Esta vez, Rowan atacó desde abajo, a lo que la chica respondió con un salto hacia atrás al tiempo que bloqueaba el nuevo ataque de Rowan que venía por su izquierda. El de ojos azules sonrió, la chica respondió con un giro, atacándolo por la derecha de Rowan, quien bloqueó el ataque, aprovechando el cual, Luan giró su espada con la propia, lanzando el arma de Rowan hacia uno de los viejos árboles.
—Bien hecho—dijo el fantasma poniendo una mano sobre la cabeza de la chica—cuando hayas mejorado podemos intentar otra vez. Pero Hazel tiene razón, te la dejo.
Dicho esto, subió a una de las ramas más bajas de los árboles, mientras el pelirrojo recogía el arma de madera del suelo y volvía con Luan.
—Muy bien—murmuró besando su frente.
—Rowan estaba jugando, ¿no?— Contestó la chica con la mirada en el piso, un ligero tono rojizo que no tenía nada que ver con el ejercicio había comenzado a aparecer en sus mejillas.
—Sí—coincidió Hazel—y aún así lo desarmaste, aunque claro, con las dos manos aplicas más fuerza…
—Pero…—Luan puso los ojos en blanco.
—Pero, tu postura y agilidad siguen siendo un desastre.
—Eso pensé—sonrió la muchacha, Hazel le devolvió el gesto y continuó:
—Luan, sabes que no estoy de acuerdo con que aprendas esto; eso no significa que no debas esforzarte, como en cualquier estilo, debes tener cuidado, un paso en falso puede ser el fin. Por eso mismo es que te estoy enseñando, así que quiero que me escuches muy bien: mientras sigas entrenando, será mejor que uno de nosotros esté cerca, no uses tu arma si puedes evitarlo, es más, no la lleves a ningún sitio hasta que tengas la experiencia suficiente. Y una cosa más, el hecho de que estás practicando debe ser un secreto conocido solamente por nosotros tres. ¿Está claro?
—Por supuesto—contestó Luan. No le agradaba mucho la idea de tener guardia, pero Hazel ya había puesto las condiciones.
—Bien.—Dijo el pelirrojo—vamos de nuevo. Recuerda mantener la espalda recta, si logras durar cinco minutos así, seguiremos con una mano.

Hacia el mediodía, Tuomas había salido del campamento que habían montado. Tenía mucho en qué pensar. Temprano en la mañana, Dragomir había ido a hablar otra vez con los líderes de las otras razas para darles su respuesta acerca de sus peticiones. Ahora, Tuomas debía ideas una forma de acercarse a la Gealach, y sabía que no iba a ser muy sencillo, pues se le había ocurrido alertar a su viejo amigo, quien la conocía. Ciertamente, le había dicho a Hazel todo aquello para molestarlo, pero la mirada que le dirigió el pelirrojo al despedirse el día anterior lo hacía víctima de una terrible amenaza si era atrapado tratando de hablar con la chica.
Necesitaba un espía, pero no estaba seguro de que alguno de los miembros del clan fuera apto para el papel. Podría dejárselo a Dragomir, mas no confiaba en él lo suficiente, a pesar de escuchar su consejo cuando lo consideraba necesario.
Eventualmente, Tuomas se encontró vagando por la zona más antigua de la ciudad. Al llegar a la plaza en la que se había encontrado con Hazel previamente, giró por una de las calles por las cuales no pasaban automóviles. Esperaba que el ruido de la multitud lo ayudara o, por lo menos, lo distrajera de los problemas que parecían acumularse en su mente. Su idea no funcionó como había pensado. El ruido era, ciertamente, demasiada distracción, pero no la suficiente como para que pudiera dejar de lado sus cavilaciones.
Suspirando, el albino se dirigió hacia un edificio que parecía albergar varios locales de diversa índole; al entrar, pudo ver que muchos de ellos estaban aún en proceso de apertura. "Tal vez me pueda encontrar a Dragomir aquí" pensó de manera distraída mientras subía por las escaleras a un costado de edificio. "Después de todo, muchos de los otros líderes viven o trabajan en zonas cercanas."
Tuvo que subir dos plantas más para encontrar un sitio relativamente vacío, con varias mesas que cubrían buena parte del espacio, alrededor de las cuales, habían varios locales en los que se vendían alimentos. Tomó asiento mirando sin ver a los empleados de las tiendas; aquí o allá, un par de orejas puntiagudas o unos ojos de pupila vertical cruzaban su mirada, pero esto sólo confirmaba lo ya conocido.
Finalmente, su mente comenzó a maquinar un plan por medio del cual podría acercarse a la dhampyr: lo ideal para él y el clan era hacerse con ella lo antes posible, pero esto se complicaba por falta de cercanía. De modo que, debería encontrar primero a alguien cercano a la muchacha, persona quien, no lo conociera ya, a partir de allí, todo tomaría forma.
Cerca de él, alguien se aclaró la garganta ruidosamente, devolviendo a Tuomas a la realidad. Una chica con orejas de gato sobresaliendo  de su cabeza lo sonreía con amabilidad fingida, ofreciendo al mismo tiempo los pastelillos y postres que llevaba en una bandeja. El de ojos azul oscuro, se palpó los bolsillos y sacó su cartera, señalando uno de los panes al azar, a pesar de no tener hambre.
"Cualquiera diría que no hay bakeneko(*) aquí, y mira esto" pensó mientras la chica le entregaba su compra en una servilleta de papel, para rápidamente darse la vuelta después del pago y caminar alegremente de regreso a su local, una larga y delgada cola peluda se alzaba por encima del cinturón que sostenía su pantalón de mezclilla y se balanceaba rítmicamente.
Casi imediatamente, Tuomas volvió a afinar los detalles del plan, tratando de considerar todos los posibles resultados. Esta vez, sin embargo, lo distrajo un aroma. Los miembros del clan que habían sido enviados para recopilar información acerca de la Gealach habían hecho mención del olor característico emitido por la escuela a la que asistía la dhampyr: una mezcla de pasto, humo de cigarro y humedad. Por supuesto, el pasar gran cantidad de tiempo en el edificio, tanto los alumnos como los maestros y personal quedaban impregnados del olor mismo.
Dicho aroma era ligero, pero lo reconoció al instante. En ese momento, encontró la mecha que pondría su plan en marcha. Usaría a uno de los compañeros de la muchacha.
El vampiro volteó disimuladamente mordiendo su pan, buscando con la mirada a quien hubiese llevado el aroma hasta allí. Finalmente, encontró a la persona indicada: una sirena de largo cabello negro-azulado, el cual cubría las aletas a la altura de sus orejas. Estaba sola, al otro lado de la zona comercial, y escuchaba música mientras buscaba algo en su bolsa.
Se levantó y se acercó a ella, llamando su atención.
—¡Hola!— Saludó. Volteó la sirena inmediatamente y lo miró extrañada.
—Hola— respondió ella, volviendo a su búsqueda.
—Disculpa, estaba buscando a una amiga. — Tuomas continuó, ignorando la actitud indiferente de la chica. — Creí que la podría encontrar aquí. ¿No la habrás visto?
La sirena suspiró y lo volvió a mirar, sus enormes ojos sin pupilas revelaban su molestia. Enderezándose cruzó los brazos, era casi tan alta como Tuomas.
—Depende, ¿cómo es?
—Oh, es tanto así de alta — el vampiro situó su mano a la altura de su corazón, esforzándose por mantenerse en el papel auto-impuesto — cabello castaño oscuro, usa lentes, complexión mediana y piel algo clara.
La muchacha inclinó su cabeza a la izquierda, con una expresión confundida en el rostro.
—¿Estás buscando a Luan? — Preguntó.
—¡Sí! ¡Así se llama! — sonrió Tuomas aliviado — ¿Las has visto?
—Hoy no... —añadió la sirena— pero la voy a ver más tarde, ¿quieres que le diga algo de tu parte?
—No, está bien. Sólo dime algo... uh...
—Nannya.
—Nannya... —Tuomas repitió el nombre, a veces era tan fácil conseguirlos— ¿No sabes dónde estudia?
—¡Claro! Estamos en la misma clase —contestó Nannya.
—¿En serio?
—Sí, mira —Nannya escribió algo rápido y le entregó un trozo de papel a Tuomas.— Es muy probable que la encuentres allí.
—Muchas gracias —respondió Tuomas sonriendo, si lograba mantener contacto visual por unos segundos más...
—No ha sido nada —dijo la sirena.
—Otra cosa, —continuó el de los ojos oscuros— ¿me podrías decir en qué dirección queda?
Nannya lo miró momentáneamente a los ojos, súbitamente sin posibilidad de responder.
—Muy bien —dijo Tuomas, abandonando finalmente su personaje— siéntate, Nannya.
La sirena obedeció. En sus ojos sin pupilas, el vampiro pudo volver a ver la desconfianza, se sentó él también frente a ella y sonrió, ésta vez, genuinamente.
—Antes de continuar, —dijo— debo dejarte algo muy claro: no quiero que le digas una sola palabra sobre esto a nadie, ¿entendido?
Nannya asintió lentamente.
—Ahora, me gustaría que me dijeras todo lo que sabes acerca de Luan an ann Dùbh.
Siempre le había gustado cocinar, muchas veces le ayudaba a pensar al estar pendiente de la preparación de los alimentos; y en ese momento tenía mucho en qué pensar.
El entrenamiento había salido bien. Hazel había dio que en dos semanas más podría empezar con mayores dificultades, aunque según Rowan aún seguía muy verde como para que alguno de ellos la tomara en serio. Aún así, había dejado de usar las dos manos y Rowan le había recomendado que buscara ejercicios para mejorar su agilidad, con la premisa de que, al ser pequeña debía usar eso a su favor, en lugar de fuerza.
Luan tapó la olla y bajó la intensidad del fuego. Aún no se acostumbraba al ligero cosquilleo que le causaban las plumas de la espalda, y temía tirar algo con ellas pero afortunadamente, había notado que solían pasar a través de los objetos, pues cuando pensaba que iba a tener problemas con una cosa frágil, volteaba rápidamente y éste seguía en su sitio. Sin embargo, aún no se decidía a mencionárselo a sus amigos, por sus reacciones previas. Tal vez fuera más fácil decírselo a Rowan, pues no actuaba tan repentinamente como Hazel. A esto habría que agregarle el hecho de que quizá su madre sospechaba algo y la muchacha pensaba que su hermano menos también gozaba de alguna habilidad.
—Huele bien. Si tan sólo me sirviera de algo… —la voz de Rowan la jaló de vuelta a la realidad.
El fantasma estaba apoyado en la pared contraria a ella. “De no ser por su pequeña manía de flotar” pensó Luan “podría pasar por alguien normal.”
—¿No es demasiado para dos personas? –Preguntó el de ojos color hielo.
La muchacha miró la olla que borboteaba suavemente sobre la estufa.
—Es posible, —admitió encogiendo los hombros.— Suelo cocinar más de lo necesario además, ¿qué no a los hombres les da más hambre?
Rowan sonrió ampliamente.
—Cierto.— Se acercó a la estufa y destapó el guiso, llenando la cocina con su aroma.— Siguiendo lo que oía de pequeño serás una buena esposa.
—No me des esperanzas— suspiró Luan mirando hacia el suelo.
—Si tú lo dices, pero creo que no soy el único que pensaría eso.
Luan no respondió, se acercó a la estufa, arrebatándole la tapadera a Rowan y miró las burbujas que brotaban en el caldo antes de taparlo de nuevo. Aún faltaba algo de tiempo.
—Hazel no debe tardar ya –continuó el fantasma, Luan seguía sin responder había comenzado a buscar platos en los cuales servir. Rowan sonrió, sabía que la muchacha no se decidía a hablar y también el porqué de ello tampoco quería forzarla a decirlo. Fuera lo que fuera, Luan lo diría cuando ella considerara necesario.
—Oye, —murmuró la chica— ¿Qué es lo que está pasando?
—¿Con qué?
Luan le comentó rápidamente lo que había visto hacer a sus alas, Rowan la escuchó atentamente hasta el final, poco le faltó para contener la risa cuando mencionó también las reacciones de Hazel, pero las comprendía y se mantuvo en silencio.
—No es nada por lo que preocuparse –dijo finalmente— es parte de tus habilidades, no por nada tus alas estuvieron ocultas por tanto tiempo.
Rowan sabía que no podía decírselo todo aún, era mejor así.
Luan sirvió el guiso en silencio, meditando la respuesta de Rowan, sentía que aún faltaba algo en la explicación, pero sabía que no debía apresurar las cosas.
—¿Por qué no dijiste que tu casa estaba vacía? –Hazel preguntó desde la puerta sorprendiendo a la muchacha, causando que casi tirara los platos.
—No sabía que tenía que decírtelo— contestó colocándolos sobre la mesa.
—Debiste de haberlo hecho— dijo el pelirrojo. Luan podía sentir sus ojos fijos en la espalda. Hazel se aercó y le devolvió sus llaves.— Por favor dime que no dejaste cocinar a Rowan.
—No lo hizo –añadió el fantasma sacándole la lengua.
—Bien, eso explica muchas cosas –sonrió Hazel.
Rowan puso los ojos en blanco antes de anunciar su partida e irse dejándolos solos. Luan terminó de servir las bebidas.
—¿Tiene algo importante el que mi casa esté vacía? –Preguntó al sentarse.
—Tal vez –respondió el pelirrojo.
—Hazel –dijo la muchacha en tono de reproche. La luz de la única ventana de la cocina se reflejaba en su ojo izquierdo, haciéndolo parecer un par de tonos más verdoso.
—Es sólo que podría explicar porqué duras tanto tiempo aquí –continuó él después de un momento.
La muchacha había comenzado a recoger su plato.
—Es posible –dijo finalmente.
Aquella era la primera vez que probaba algo preparado por ella. Hazel miró el plato frente a él. Era un guisado sencillo pero olía bien y el pelirrojo no quería ofenderla al no comerlo.
—Gracias. –Dijo cuando terminó, había sido sorprendentemente bueno. La muchacha le sonrió en respuesta, hacían ya varios minutos desde que el efecto de la luz desapareciera de su rostro, pero aquella sonrisa entre dulce, tímida y orgullosa, le pareció una de las más sinceras que le había visto, haciendo que la tensión en su pecho aumentara.
Luan sabía que Hazel escondía algo por cómo estaba actuando. Sin embargo, no le molestaba y fuera lo que fuera, comprendía que él lo superaría eventualmente. Sacó su teléfono para revisar la hora, deberían de irse pronto. Tomó su mochila del suelo, mientras Hazel se aseguraba de haber cerrado el patio.

Tuomas había decidido que lo más sensato sería asegurarse de la obediencia de Nannya. Sabía que arriesgaba demasiado con seguirla a clases, pero ello también le permitiría vigilar a Luan. En realidad, la sirena había sido de poca ayuda; de ella supo que la dhampyr casi no tenía amigos, pero eso no le era de importancia por haber conseguido a alguien relativamente cercano a ella, de allí en más, todo lo que le había mencionado Nannya, el clan lo había descubierto por su cuenta.
El vampiro se había quedado en los jardines del edificio, de modo que podría ver cuando llegaran tanto Luan como Nannya. La castaña fue la primera en llegar, podría habérsele acercado y así ahorrarse mucho trabajo, pero Luan iba acompañada de un conocido de ambos, Hazel, quien se había tomado la amenaza muy en serio, tal y como Tuomas había notado el día anterior. Afortunadamente, el pelirrojo no lo vio, y ambos entraron al edificio. Pasaron varios minutos más antes de que llegara al fin Nannya. La sirena iba apresurada pues de acuerdo con lo que le había dicho previamente, su clase comenzaría pronto.
Tuomas se levantó por fin del suelo surcado de pasto y siguió a Nannya a cierta distancia. En determinado momento la sirena volteó y él la saludó desde lejos, sonriendo, Nannya no contestó el saludo sino que siguió su camino aún más aprisa. Él la siguió a una distancia segura y se preparó a vigilarla por lo que quedaba de la tarde.
El hecho de que el grupo no saliera seguido hizo de su tarea algo sencillo. El término de la segunda hora salieron Nannya, Luan y otro muchacho; seguirlos fue fácil, pero su destino la cafetería ubicada en el sótano del edificio, probó ser un lugar complicado, pues contaba solamente con una entrada, por lo que sería fácilmente reconocido por alguien que lo conociera, como Nannya o Hazel, quien afortunadamente no había aparecido todavía.
Justo como había pensado, la sirena era cercana a Luan, razón por la cual Tuomas comenzó a idear el cómo podría hablar con ella y Nannya sería parte de ese plan, muy a pesar del vampiro. Aquella fue la primera vez que observaba a la dhampyr en persona y efectivamente, la joven no daba señales de ser más que una humana, probablemente por cómo había sido criada; sin embargo, parecía poseer sentidos finos por lo que un par de veces volteó a verlo directamente antes de volver a la conversación de sus acompañantes.
A pesar de esto no tuvo Tuomas contratiempo alguno y las horas del turno vespertino trascurrieron plácidamente. Como había esperado el vampiro, Hazel fue a buscar a Luan al término de las clases. Dando por terminado su deber, Tuomas volvió finalmente al campamento, pues aún tenía un ensayo que dirigir y un plan que afinar.

 (*) Bakeneko. Literalmente, gato fantasma o monstruoso. Criatura de la mitología japonesa.

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