miércoles, 5 de febrero de 2014

Pimeyden Asukaat Capítulo 2: Tuomas

¡Segundo Capítulo! Estoy emocionada. Chicos, acabamos de agregar la liencia de Creative Commons, les pido que la respeten y que nos avisen si conocen de alguien que haya hecho un trabajo basado en los nuestros. En fin, ¿entre ustedes no hay alguien que pueda y quiera enseñarme gaelico escocés? Disfruten.

Luna

Las siguientes dos semanas fueron de gran actividad para los tres. Luan los visitaba todos los días, normalmente por que aún sentía curiosidad por la clase de seres que eran; y Hazel se contentaba con estar cerca de ella, aún cuando Rowan se esmerase en molestarlo por ello. Más de una vez, ambos se encontraron con la madre y el hermano menor de la muchacha, habiéndolos Luan presentado como vecinos suyos; pronto, las visitas tanto de Hazel como de Rowan a casa de la chica se hicieron cada vez más frecuentes. Habían incluso comenzado a acompañarla en las mañanas cuando Luan tenía algo que hacer en la escuela, pues aún estaba ella arreglando los papeles para el inicio del semestre el cual se encontraba cada vez más cerca. Por supuesto, normalmente era Hazel quien se ofrecía a ir con ella. Tal vez fuera por esto que tanto a Rowan como a Luan les extrañara cuando el pelirrojo se disculpó el día de inicio de clases, alegando que no podría acompañar a la chica a la escuela.
Hacia mediodía fue cuando el oji-verde salió, quedándose Luan en casa de ellos, haciendo compañía a Rowan, leyendo mientras el fantasma iba y venía, haciendo preguntas de vez en cuando y quejándose de que ella fuese tan aburrida como su amigo.

El pelirrojo lamentaba profundamente el no poder pasar el resto del día con Rowan y Luan; pero el día anterior había recibido una nota pidiéndole encontrarse con el remitente en el centro histórico de la ciudad, y como Hazel también debía conseguir alimentos, pensó tomar la oportunidad para averiguar quién había enviado aquella nota. Si podía volver antes de que la muchacha se fuera a clases, él iría con ella. Aún así, el oji-verde no estaba muy seguro de llegar a tiempo a casa.
Luego de hacer las compras, llegó al lugar donde lo habían citado. Su forma de ser normalmente no llamaba la atención de nadie, sin embargo, y por alguna razón, varias de las señoras que se encontraban en el supermercado se habían mostrado curiosas por la presencia de Hazel en aquel lugar, actitud que se notaba en las miradas furtivas que varias de ellas lanzaban cuando creían que el pelirrojo no estaba viendo.
El dhampyr suspiró mientras se sentaba en una de las numerosas bancas de la pequeña plaza. Si la letra en la nota no le hubiese parecido conocida, ya estaría de vuelta en casa y probablemente, habría seguido con la vida que había llevado por los últimos cincuenta años, sin contar a Luan.
Sólo pensar en la muchacha lo hacía sonreír; durante las últimas dos semanas, la presencia de la chica en su vida se había vuelto habitual, casi necesaria. Recordó una vez en que habían visto una película de terror con ella en su casa, pues era una de sus favoritas. Luego de la película, Luan les había suplicado para que no se fueran, por lo aterrada que estaba; Hazel recordaba cómo entre Rowan y él habían logrado distraerla de la película hasta que la madre de la muchacha llegó, que fue cuando ellos al fin se despidieron y volvieron a su propia casa. También recordaba las conversaciones que podían mantener Luan y él en alguno de los cuatro idiomas que ella sabía, y cómo Rowan se molestaba cuando los oía cambiar de idioma demasiado seguido.
—Cuánto tiempo, Hazel. —Una voz conocida sacó al pelirrojo de sus pensamientos. Mirando hacia arriba, Hazel vio una cara que no pensaba volver a ver en mucho tiempo: el joven parado frente a él no parecía tener un día más de veinticinco años, su cabello blanco era corto y enmarcaba su pálido rostro, sus ojos color azul oscuro miraban fríamente al pelirrojo, al mismo tiempo que una sonrisa sarcástica se dibujaba en sus pálidos labios, iluminando levemente su rostro color cera.
—Tuomas—contestó Hazel, sorprendido.
—Debo agradecer a los humanos—dijo el albino, sentándose en el espacio que había en la banca—si no fuera por algunos inventos suyos, yo no podría estar aquí, pero aún así, vamos a un lugar con sombra, ¿te parece?
Tuomas se levantó sin esperar respuesta, el pelirrojo tomó las bolsas que llevaba consigo y siguió al albino hasta un lugar techado.

Luan finalmente estaba en el camión. Eran las tres de la tarde y la muchacha siempre se iba una hora antes de su casa para llegar a cualquier lado. No le habría molestado quedarse un poco más en casa de Rowan, pero el fantasma había salido otra vez antes de que ella terminara de comer y le habría sido incómodo si la casa estaba vacía. A pesar de la preocupación que sentía acerca de Hazel, ella sabía que debía concentrarse en la escuela, pues no importaba qué hiciera, aquello afectaría su futuro de una u otra manera. Así que, alejó sus preocupaciones de su mente y esperó a que el camión la dejara en el campus.
No se había dado cuenta al entrar a la facultad, pero en cuanto entró al salón, notó que sus compañeros que ya estaban ahí se veían diferentes que el semetre anterior, o mucho, sólo detalles, pero eran diferentes.
Por un momento, Luan se preguntó si había sido así siempre. Al poco tiempo le restó importancia y volvió a tratarlos como siempre.
—¡Luan!—la llamó una amiga suya. Ahora sus ojos carecían de pupilas y sus orejas con forma de aletas de pez sobresalían de entre el cabello, pero por lo demás, se veía igual que como la castaña la recordaba. El largo cabello negro azuloso le llegaba hasta la cintura y su sonrisa seguía siendo tan cálida y brillante como lo había sido siempre. Además de sr muy alta, la chica era como una hermana mayor para Luan.
—¡Nannya!—Respondió Luan abrazándola. Te extrañé.
—Yo también— contestó Nannya—¿Qué tal las vacaciones?
—Bien, todavía tengo sueño, pero…
—Hola, chicas.—La voz de alguien dijo detrás de Nannya, ésta volteó dejando pasar a un muchacho de ondulado cabello negro.
—Hola Saerc—contestaron las dos.
—Creí que no ibas a volver este semestre—dijo Luan.
—Sí… Cambié de idea. —Sarec respondió.
—¡Nannya!—Una chica de cabello castaño oscuro con pupilas verticales llamó.
—¡Zeilth!—Respondió Nannya mientras Zeilth se acercaba.
“Creo que este semestre también va a ser interesante” pensó Luan mientras saludaba al resto de sus compañeros.
“Alguien le quitó el sello” pensó Saerc mientras el profesor entraba al salón e imponía silencio. “Debió de haber sido alguien como ella. Me pregunto quién habrá sido.

No faltaba más de una hora para el anochecer y Rowan acababa de volver a la casa que compartía con Hazel. El fantasma tomó su forma corpórea, agarró un libro de los que su pelirrojo compañero y amigo mantenía en los estantes y se sentó a leer en su sillón favorito. Pocos minutos después llegó su vivo amigo, dejando que lo que había comprado en el suelo.
—¿Dónde está Luan?—preguntó exaltado.
—Si no me equivoco,— respondió el fantasma—se fue a clase hace un par de horas.
—¡¿La dejaste irse sola?!—Hazel exclamó, no esperaba una respuesta realmente, pero la reacción del pelirrojo divertía al ojiazul en demasía.
—Sí, te dejó algo de té en la cocina—contestó Rowan y finalmente mirando al ojiverde, dejó el libro a un lado.— ¿Ahora qué pasa?
Tratando de calmarse, el pelirrojo se sentó frente al fantasma de ojos color azul hielo.
—¿Recuerdas a Tuomas?—Preguntó finalmente.
—Es tu amigo de Finlandia, ¿no?—dijo Rowan—¿Qué hay con él?
—Me lo encontré hace rato—Hazel contestó; todavía se veía pálido y sus manos no dejaban de temblar.
—¿Y?—lo animó a seguir el de cabello negro.
—Dijo que la está buscando.
—Conociendo a este tipo no lo dijo así—respondió el ojiazul.
—No, —coincidió Hazel— dijo que mi amiguita era muy linda y que estaba seguro de que su sangre era deliciosa.
—Y allá vas tú y le crees— Rowan contestó poniendo los ojos en blanco.— ¿Qué no entiendes que no importa lo que hayan sido, ahora son algo completamente diferente?
—Ya lo sé, me lo has dicho muchas veces.—El pelirrojo dijo volteando a ver la ventana en ruinas, la preocupación aún visible en sus ojos.
—Desde que vinimos del este sigues diciendo lo mismo, Hazel.—Continuó el fantasma cruzando los brazos.—Y aún así te lo vuelvo a decir: no importa en dónde esté ni cuánto tiempo pase, Tuomas es un vampiro y su gente siempre cazará a personas como tú.
—Eso lo entiendo; con esta sangre maldita que tengo tiene sentido—contestó el pelirrojo—pero, ¿qué quiere de Luan? Ella no tiene nada que ver con todo esto, es mi amiga, pero nada más.
“Tiene mucho que ver, Hazel, mas no puedo permitir que lo sepas todavía.” Pensó Rowan.
—Realmente no sabría decirte, Hazel,—mintió el ojiazul,—en lo que a mí concierne, debemos mantenernos alejados de Tuomas y su gente. Aunque, si crees necesario traer a Luan con nosotros, no veo el problema con ello.
—Sabes que Tuomas no me preocupa—dijo Hazel—personalmente pienso que debemos mantenernos lo más cerca posible de Luan.
—Y eso significa que vamos a verla.—Concluyó Rowan levantándose de su asiento. El pelirrojo asintió, levantándose él también y saliendo de la casa.

Para cuando llegaron a la facultad, estaba por anochecer y Rowan ya había localizado a la muchacha. Por lo que Hazel siguió sus instrucciones para llegar al segundo piso del edificio.
Luan y su grupo estaban afuera de su salón. Al ser el primer día de clases, sólo habían dado la introducción y los porcentajes de calificación, razón por la que los alumnos pensaron que sería mejor esperar afuera en lo que empezaba la siguiente clase.
—¡Luan!—la voz del pelirrojo distrajo su atención de lo que sus amigos estaban diciendo. La chica volteó para ver a su vecino corriendo hacia ella, seguido de Rowan.
—Hazel…—dijo extrañada.— ¿Qué hacen aquí?
 —Gracias al cielo que está bien,—respondió Hazel haciendo caso omiso a su pregunta y abrazándola. Tanto a Saerc como a Nannya, quienes estaban más cerca, se extrañaron de ver al pelirrojo.
—Luan, —habló Nannya—¿Quién es él?
—Soy un vecino suyo—explicó el de ojos verdes.
—Somos—lo corrigió Rowan alcanzándolo—perdona la molestia Luan, a Hazel le dio un pequeño ataque de paranoia.
—¿Porqué? ¿Pasó algo?—Preguntó la muchacha.
—Sobre eso…— dijo Hazel—tengo que hablar contigo, a solas.
—Eh, claro—contestó la castaña—ya vuelvo, chicos.
Apenas había dicho esto, cuando el pelirrojo la tomó de la mano y se la llevó a otro lugar.
—Hazel nunca cambia—dijo Rowan mirando en la dirección en que habían partido; luego volteó hacia el grupo.— Así que, ustedes son los amigos de Luan.
—Sí—contestó Nannya—¿Por qué es alguien como tú vecino de ella?
—Ésa es una larga historia, sirena.—contestó el ojiazul. –Pero no sabíamos que éramos vecinos hasta hace muy poco.
—El pelirrojo es como ella, ¿me equivoco? –Preguntó Saerc.
—Ah, lo notaste… Elfo, ¿verdad? –Dijo Rowan, Saerc asintió. –Sí, Hazel y Luan son de la misma raza.
—Tiene sentido—el ojinegro dijo.
—¿A qué se refería con eso? –Preguntó la sirena.
—¿No te diste cuenta? –Preguntó Zeilth.
—No me gusta juzgar a la gente por su raza—respondió Nannya. –Entonces me evito problemas, y no noto qué es cada quién.
—Ya me di cuenta. –Dijo Rowan—aunque, tal vez sea mejor así.

—¿No crees que eso suena un poco ridículo? –Preguntó Luan de brazos cruzados, una vez Hazel terminó de contarle acerca de su encuentro con Tuomas. El pelirrojo la miró desconcertado. Luan suspiró. –Realmente sería extraño si cumpliera su amenaza.
—No con Tuomas—replicó él. –Desde que fue convertido ha sido uno de los vampiros más crueles que conozco.
—Sigo pensando que exageras las cosas—dijo la chica todavía con los brazos cruzados. –Aunque hubiera amenazado con morderme, ¿no crees que sería algo idiota cumplir con ello de inmediato? Y en todo caso, ¿por qué lo haría?
—Eso lo tendremos que averiguar entre nosotros. –Hazel dijo. –Le pregunté lo mismo a Rowan, pero dice que no sabe nada.
—Será mejor que dejes de darle vueltas al asunto y vuelvas a casa, Hazel. –Dijo la muchacha encaminándose hacia su salón. El pelirrojo no respondió, siguiéndola, pues aún le molestaba la idea de dejarla allí sola.
—Vendré a buscarte al terminar las clases. –Dijo el pelirrojo al llegar. Luan asintió y entró a su siguiente clase del día.
Rowan observaba a su amigo, recargado en una pared cercana, pues el pelirrojo aún seguía indeciso acerca de volver; finalmente, el dhampyr dio la vuelta, obviamente no estaba seguro de su decisión, por la expresión en su rostro.
—Un momento, detuvo alguien a Hazel, quien al voltearse se encontró cara a cara con Saerc, el cual había salido del salón hacía poco.
—¿Necesitas algo, elfo?— Preguntó Hazel, molesto por lo que había pasado durante el día. Rowan se acercó, tanto para apoyar a su amigo como para oír mejor lo que decían.
—¿Podemos hablar?— Preguntó el de cabello ondulado, el pelirrojo asintió.
—¿Qué sucede?— Alentó Rowan al muchacho.
—Tú—continuó Saerc señalando a Hazel—tú también eres un dhampyr.
El ojiverde se puso momentáneamente más pálido de lo usual.
—Por supuesto que soy uno, ¿de qué se trata todo esto?— Cuestionó Hazel
—Además quitaste el sello de Luan, ¿me equivoco? –Saerc ignoró la anterior pregunta de Hazel.
—Sí pero…
—Espero que recuerdes que tan valiosa es su sangre para nosotros.— Saerc lo interrumpió cruzando los brazos. Hazel miró confundido al elfo, al tiempo que una leve sonrisa aparecía en el rostro de Rowan quien comenzaba a comprender el rumbo de la conversación.
—Disculpa, ¿te llamas?— Preguntó el fantasma, divertido.
—Mi nombre es Saerc—respondió el de ojos oscuros.
—Bueno Saerc, ¿a qué te refieres con ‘su sangre’?— Preguntó Rowan— ¿La de él o la de ella?
—Ambos—contestó Saerc, su expresión se ensombreció y bajó la voz. –Pues los dos son de la misma raza.
—¿Lo somos?— Preguntó Hazel quien por primera vez sintiera su miedo volverse real al entender a qué se había referido Tuomas anteriormente.
—¿No lo sabía?— Preguntó Saerc a Rowan.
—Digamos que Hazel tenía algunas sospechas—respondió el ojiazul.
—¡Tú lo sabías y no me dijiste nada!— Reclamó el pelirrojo a su amigo.
—Sí, lo sabía,—aceptó el fantasma—pero también sabía que no podrías dejarla sola si lo descubrías.
—Aún así,—los interrumpió Saerc—creo que será mejor mantenerlo en secreto; mientras esté aquí no hay problema alguno, pero fuera no sabemos que pueda pasar.
—Cierto—coincidió Hazel.—Te propongo un trato, Saerc. Nosotros no podemos estar aquí con ella, así que si tú quieres, me ayudaría saber que no está en peligro. ¿Qué dices? ¿Serías su guardián aquí?
—Como ya dije—contestó el elfo—estando aquí Luan está a salvo, pero si eso evita que vengan a interrumpir clases, entonces sí, lo haré.
—Gracias—dijo Hazel, ya más calmado.—Cuento contigo, Saerc.
—No es nada—contestó Saerc.—Una cosa más, ¿sus nombres son?
—Él es Hazel—respondió el fantasma señalando a su amigo—y yo soy Rowan; mucho gusto, Saerc.
—Lo mismo digo—dijo el de ojos oscuros.—Por cierto, Rowan, ¿Por qué está Hazel tan interesado en la seguridad de Luan?
—Tú mismo lo dijiste, son de la misma raza—Rowan contestó, Hazel se le había adelantado y no podía oírlos ya, pero el ojiazul no tardaría mucho en alcanzarlo.— Ambos sabemos que los dhampyr no son comunes—continuó Rowan bajando la voz—y Luan es la única de su raza que Hazel ha visto en su vida.
—Eso tiene sentido.—Dijo Saerc
—Claro que lo tiene—sonrió Rowan.—Bien, asegúrate de ir a visitarnos algún día. Luan te dirá cómo llegar.
Dicho esto el fantasma fue a buscar a su amigo, mientras el elfo regresó al salón antes de que comenzara la siguiente clase.

Tuomas no volvió al escondite de su gente hasta que las primeras luches de la noche empezaron a aparecer en el cielo. El teatro improvisado que habían construido se notaba informa contra las luces de las calles cercanas. Al caminar entre los grupos de miembros de su troupe se limitó a responder los saludos, casi sin detenerse hasta llegar a su tienda. El vampiro se sentó en el único lugar en que era posible, mirando hacia el infinito.
“Contando a Hazel son tres dhampyr en la ciudad, estamos de suerte” pensó “el más joven probablemente no será de gran ayuda, pero la chica es otra historia. Y con mi viejo amigo cerca de ella esto termina de complicarse.” ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que Tuomas se había encontrado con Hazel? Solamente ellos dos lo sabían.
—¿Necesita algo, señor?— Lo interrumpió uno de sus subordinados entrando a la tienda. Tuomas lo miró sin ver y parpadeó dos veces para terminar de salir de sus pensamientos, el joven frente a él sostenía una amable sonrisa en su pálido rostro, lo cual iluminaba sus ojos cafés.
—Trae a Dragomir—dijo el albino finalmente—dile que es urgente, que necesitamos hablar, Ljóst.
—Por supuesto, señor.—Contestó el muchacho haciendo una reverencia antes de salir.
Tuomas se levantó y comenzó a pasear en círculos dentro de la tienda, deteniéndose de vez en cuando para ver algún objeto sin darle importancia. No pasó mucho tiempo para que Ljóst volviera seguido de una persona mayor, Tuomas despidió al muchacho con una seña, dejándolos solos.
Si había alguien más en el clan que podía reclamar el título de líder, ése era Dragomir. Su pálida piel enmarcada por largos mechones de cabello color castaño oscuro pulcramente recogido en una coleta atada en su nuca con una liga, la cual solía ser reemplazada por un listón. Aparentaba tener alrededor de treinta años a pesar de que nadie sabía exactamente su edad excepto tal vez el mismo Dragomir. Vestido siempre de traje completo, fue extraño para Tuomas verlo nada más en camisa arremangada y pantalón de vestir aquel anochecer, ciertamente, aquello era lo más informal que había visto usar al viejo vampiro.
—¿Qué ocurre Tuomas?— Preguntó Dragomir, su voz denotaba cansancio, pero sus ojos seguían igual de fríos y agudos, como habían sido desde que había vuelto al clan, lograron ver dentro de lo que escondía el albino.
—¿Cómo va la investigación sobre nuestra Gealach?— Preguntó Tuomas a su vez, ignorando completamente la pregunta del otro. “Sí, precisamente somos la división del clan. Sé que aún hay muchos que piensan que yo asesiné a mi maestro, y por tanto debe ser Dragomir el líder.” Pensó el ojiazul. “Pero no es así, y por lo tanto debo seguir con mis obligaciones.”
—La muchacha parece haber ‘despertado’, es posible que alguien más la haya ayudado, pero estoy seguro de que pronto vamos a tener en nuestro poder.—Respondió Dragomir. “Aunque” pensó “es una lástima que tengamos que usar a la hija de Jacques para ello; si fueran a usar a mi hijo… supongo que es una ventaja el hecho de que Jacques haya muerto. No quiero imaginar qué hubiera hecho.”
—¿Qué han dicho los líderes de las otras razas?— Continuó Tuomas sirviendo un líquido rojo en dos copas, ofreciéndole luego una al viejo.
—Están de acuerdo en prestar su ayuda.—Dragomir se apresuró a contestar aceptando la copa que ofreciera Tuomas—sin embargo quieren una garantía de su funcionamiento además de ciertos detalles acerca de la ceremonia.
—Se les darán los detalles en el momento oportuno—dijo Tuomas rápidamente, antes de beber el contenido de su copa de un trago.
Dragomir en cambio bebió solamente un sorbo y ambos quedaron en silencio, el alboroto que venía de afuera era el único sonido que se oía en toda la tienda.
—Dragomir,—finalmente Tuomas se decidió a hablar—¿cuál es tu razón para estar aquí?
—Buscamos dhampyr, ¿me equivoco?— Respondió el ojiverde, Tuomas se limitó a asentir mientras Dragomir se llevaba la copa otra vez a los labios.—Ésa es mi razón.
El viejo vampiro dejó la copa medio vacía en una mesa cercana y salió.
—Dhampyr, ¿eh?— Tuomas dijo volteando hacia el otro lado. Había decidido seguir los consejos del viejo vampiro para evitar que el clan se dividiera aún más; pero incluso entre los seguidores de Dragomir, nadie podía averiguar qué estaba pensando o por qué se había reunido con el clan después de tanto tiempo.

Dragomir observaba intranquilo el ensayo de la nueva producción del clan. Una vez más, uno de los protagonistas sería el mismo Tuomas, pero no era esto lo que molestaba al viejo vampiro. Conocía a Jacques desde hacía mucho tiempo y la noticia de su ejecución hacía ya trece años le había afectado sobremanera, pues sabía que a él mismo le esperaba un destino parecido. Desde hacía mucho que estaba prohibido convivir con humanos en sus comunidades y el nacimiento de un híbrido se tomaba tanto como un augurio de buena como de mala suerte, por lo que la existencia de un dhampyr era prácticamente imposible, sin embargo, los había y cada cierto tiempo, se habría de sacrificar uno por la supervivencia del clan y, en ciertos casos, de toda la raza. Eso era tal vez lo que más le dolía a Dragomir, la sangre de un dhampyr tiene cualidades muy interesantes no solamente para vampiros sino también para las demás criaturas que vivían en lo que los humanos solían llamar magia, pero muchos no habían entendido aún que era más factible usar una pequeña parte por vez, en lugar de buscar y cazar un pobre híbrido cada que fuese necesario. Precisamente esto temía el viejo vampiro, pensar que alguien más hubiera encontrado a su hijo antes que él… Simplemente no quería saber que haría en tal caso.
Mientras, no dejaba que nadie supiese de la existencia del muchacho, pues hasta donde sabía el clan, Dragomir buscaba dhampyrs aptos para renovación del mismo. Cavilaba en esto, cuando Tuomas, quien regañaba por enésima vez a uno de los miembros más jóvenes de su troupe, lo mencionó como parte del regaño.
—… ¡Y Dragomir ya apartó el teatro que vamos a usar! ¿Es que a nadie le importa seguir con nuestra cubierta?
Tuomas dramatizaba sobre cualquiera que fuera el error sobre el escenario mientras el pobre vampiro se trataba de esconder cada vez más de los otros miembros que ya estaban acercándose  a ver qué ocurría.
Simpatía y diversión, eran las expresiones que Dragomir podía distinguir en aquel público improvisado. Suspirando, se levantó y miró fijamente al líder.
—Si algo ha salido mal, vuelvan a hacerlo desde el principio—dijo, interrumpiendo a Tuomas, quien ya había comenzado un monólogo acerca de la importancia de mantener el anonimato.
Una serie de murmullos resonó por todo el lugar, probablemente la intervención del viejo había causado más problemas que lo que le habría gustado. Sin embargo, con un gesto de Tuomas, el clan calló. El muchacho que había estado regañando lanzó una mirada agradecida al viejo antes de volver a poner atención al líder.
—No podría estar más de acuerdo—el albino sonrió fríamente y comenzó a dirigir a los actores en el escenario para volver a comenzar.
Ciertamente, tanto Tuomas como Dragomir debían mantener una relación cordial frente a los miembros del clan, ambos estaban conscientes de ello. Aún así, el viejo vampiro de ojos verdes no llegaba a comprender qué era lo que el joven resentía de él.
Con la segunda vuelta del ensayo, Dragomir siguió observando, preparándose para una noche que presentía iba a ser muy larga.

Las clases habían terminado, y Luan, Saerc y Nannya se dirijieron hacia la entrada del edificio. Para ser invierno todavía, no hacía mucho frío por lo que de pie afuera del edificio, los tres esperaban que llegaran por las muchachas, hablando de cosas sin sentido: películas, series, casi cualquier cosa que cruzara por sus mentes y pudieran tener respuesta en sus amigos. Nanny fue la primera en retirarse, mientras comenzaba a llover ligeramente sobre ellos. Poco después llegaron Hazel y Rowan a asegurarse de que Luan estuviera bien, Saerc se despidió de ellos y comenzó su camino de regreso, mientras los otros tres tomaban el suyo.
—No ocurrió nada—dijo la muchacha antes de que su pelirrojo amigo mencionara algo.
—Me alegro—contestó él.
Rowan flotaba alrededor de ellos, sus ojos azul hielo buscando alguna señal de Tuomas y su clan; había sido una sugerencia de Hazel por supuesto, y el fantasma sabía bastante bien que era mejor apoyarlo o nunca terminaría de escuchar sus lamentaciones. No después de lo que casi le pasó al mismo Hazel cien años atrás. Y aún así, a Rowan le era fácil notar que su amigo parecía dispuesto a proteger a la chica de cualquier cosa, pues mientras los dos caminaban en silencio, la tensión en los brazos del pelirrojo aumentaba con cada segundo, cosa de la que Luan parecía no darse cuenta, pues estaba más concentrada en las gotas de lluvia que caían sobre y alrededor de ellos. Iban los tres ocupados de tal manera que ninguno de ellos vio el agujero en la acera por la que caminaban.
Llegando al mismo, Luan tropezó y cerró los ojos, extendiendo los brazos, pero el golpe nunca se dio y asustada, abrió lentamente los ojos para ver la oscuridad frente a ella y sus brazos que parecían querer alcanzarla, sentía algo extraño en la espalda, le hacía cosquillas, como si varias decenas de plumas acariciaran su piel a través de su ropa. Volteó hacia arriba, donde sabía que Rowan estaba; el fantasma había bajado y la miraba sorprendido. Preocupada, miró a su pelirrojo acompañante, cuya expresión parecía una copia fiel de la de Rowan, aunque él había tratado de detenerla, pues la mochila de la muchacha se encontraba en sus manos.
—Chicos, ¿qué ocurre? –Se aventuró a preguntar Luan, sus pies no tocaban el suelo y las caras de sus amigos no la estaban ayudando.
Saliendo de su asombro, Hazel la tomó de la muñeca y la atrajo hacia sí, haciendo que se parara sobre el suelo y abrazándola con fuerza de modo que dejó caer la mochila, tocando temeroso las alas negras que habían brotado de la espalda de Luan en menos de un segundo.
—Luan,—dijo Rowan quien había vuelto al suelo junto a ellos.— Tienes alas.
—N-no bromees, Rowan.—Contestó la joven— eso es imposible.
El fantasma negó con la cabeza lentamente a pesar de que ella no podía verlo.—No es imposible, sólo improbable.
—P-pero…—
—Rowan tiene razón—dijo por fin Hazel, la soltó y la miró fijamente.—Ahora sólo debes tener más cuidado.
Luan asintió en silencio, no estaba segura de qué acababa de pasar, pero tenía las mejillas encendidas y el cosquilleo en su espalda seguía ahí. De modo que tenía que darle la razón a Rowan.

—No solo es eso—agregó el fantasma.—Hazel, debemos enseñarle a defenderse.

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