¡Hola a todos!
Como cada mañana, Beril Marino recorría el camino que la llevaba a la escuela. Mientras caminaba, recordaba distraídamente la salida de la clase de historia del día anterior.
-La salida de ayer terminó siendo un desastre, pero tampoco estuvo tan mal. –Dijo para sí muy complacida. Después de todo no había estado tan mal, especialmente porque Alex, su novio, le había pedido que lo ayudara con el reporte de la visita.
Yo soy Andianco, otra de las escritoras de Estudios Mon. Esta es mi primera historia, bueno en realidad es sólo el prólogo, pero espero subir pronto el siguiente capítulo. Si les agrada mi historia (o también si no) pueden revisar el resto de las que están en el sitio. Bueno, por ahora los dejo y espero les guste.
-La salida de ayer terminó siendo un desastre, pero tampoco estuvo tan mal. –Dijo para sí muy complacida. Después de todo no había estado tan mal, especialmente porque Alex, su novio, le había pedido que lo ayudara con el reporte de la visita.
Se rio de tan sólo recordarlo y dio un pequeño salto antes de seguir su camino. Que buen día había sido, y hubiera sido perfecto de no ser por la aparición de El Destructor. Había aparecido en la galería justo después de la hora del almuerzo y había derrumbado una de las salas, destrozado los árboles del jardín y dañado la cafetería. Suspiró al recordar eso. ¿Por qué había tenido que arruinar la salida?
Alex lo había visto todo, incluso la había visto transformarse porque no había tenido otra opción, y había actuado muy raro después de esto. Beril no lo culpaba, después de todo ella era Bel-Chan, la protectora de la ciudad y descubrirlo debió haber sido una enorme sorpresa para él. Lo dejaría en paz unos días para que pudiera pensarlo y luego hablaría con él. Seguramente la aceptaría, después de todo él realmente la amaba, y se lo había dicho un millón de veces.
Llegó a la esquina y se detuvo al ver estaba la luz roja. Entonces miró a la esquina contraria esperando ver a Tia, su mejor amiga, esperándola. No estaba ahí. Tengo que recordarle que ya casi no le quedan faltas en la clase de Química, pensó. Sonrió y siguió su camino en cuanto la luz cambio a verde.
Conforme se acercaba a la escuela comenzó a encontrar cada vez más chicos azul marino de su secundaria. Comenzaba a hacer calor, así que la mayoría habían dejado en casa los suéteres y llevaban solamente una playera de color blanco con el cuello del mismo azul marino que tenían las faldas o los pantalones del uniforme. Beril miró a su alrededor y pensó que tal vez debería haber dejado también el sueter. Al mismo tiempo notó que los estudiantes a su alrededor actuaban de una forma extraña y se apartaban cuando ella se les acercaba. Por otro lado tal vez fuera su imaginación, o el hecho de que había comenzado a correr para poder terminar la tarea de matemáticas antes de que comenzaran las clases.
El resto del día estuvo muy tranquilo, aunque le parecía que otros estudiantes, e incluso sus compañeros, trataban de alejarse de ella. Ni siquiera había podido hablar de eso con Tia porque había estado muy ocupada con el club de teatro durante el descanso y entre clases. Así llegó la última clase y justo cuando estaba por salir del salón se encontró con Alex que parecía estarla esperando en la puerta.
-Eh, ¿puedo hablar contigo a solas? –Le dijo. Parecía algo nervioso así que Beril supuso que tenía que ver con lo del día anterior.
-Sí. El salón de arte debe estar vacío el día de hoy, si quieres podemos hablar ahí.
-Está bien.
Ambos se dirigieron al salón de arte en el tercer piso de la escuela y una vez dentro, Beril cerró la puerta para que nadie los interrumpiera. Luego se acercó a él.
-¿Qué es lo que querías decirme? –Preguntó inocentemente.
-Bueno… Es sobre lo de ayer… -Comenzó a decir el chico y Beril apenas pudo reprimir un pequeño salto de emoción al pensar en lo que iba a decirle.
-¿Si?
-Yo… -Continuó, pero parecía no saber qué decir. Finalmente respiró hondo.- Yo creo que debemos terminar.
-¿Ah? –Seguramente debía haber escuchado mal.
-No puedo seguir saliendo contigo. Lo siento mucho.
-Pe… pero habías dicho que te gustaba Bel-Chan.
-Sí, me gusta que proteja a la ciudad y todo eso, pero no quiero salir con ella. Es muy peligroso, ¿lo entiendes? Siempre estás persiguiendo algún monstruo o algo así. ¿Tienes idea de lo que pasaría si alguno de tus enemigos se entera de mí?
-Yo puedo protegerte. –Respondió Beril. No entendía porque estaba actuando así. No es que estuviera haciendo algo malo, o fuera una delincuente o algo así, ella peleaba por proteger la ciudad.- No voy a dejar que te hagan daño.
-¿Cómo estás tan segura? ¿Qué pasa si estamos en una cita y alguien llega a atacarte? ¿Y si me atacan cuando este volviendo de la escuela? ¿Qué pasa si atacan mi casa solo para vengarse de ti? ¿No es eso lo que le pasó a tu casa? Me dijiste que El Destructor había atacado tu vecindario y destruido tu casa. Seguramente fue porque te descubrió, ¿no es cierto?
Beril no respondió. Era cierto, El Destructor había atacado su casa para sorprenderla mientras dormía. Su hermana menor había resultado gravemente herida, y sus padres se habían ido con ella a otra ciudad para que recibiera el tratamiento que necesitaba. Beril se había quedado en la ciudad y ellos le enviaban dinero cada mes, pero hacía mucho tiempo que no hablaba con ellos. No quería que les hicieran daño.
-Lo ves. No puedes protegerme todo el tiempo. –Exclamó Alex al ver que ella se quedaba callada.- Es por eso que es mejor si terminamos.
-No tenemos que terminar. Po…podemos darnos un tiempo y cuando esto termine…–Sugirió Beril, pero Alex la interrumpió.
-¿Terminar? ¿Cuándo? ¿En cinco, diez, quince años? Llevas seis años peleando contra él.
-Puedo terminar con esto. Voy a vencerlo y entonces todo va a estar bien y podemos seguir saliendo. –Dijo Beril mientras trataba de reprimir las lágrimas.
-Lo creeré cuando lo hagas. Hasta entonces, terminamos. –Anunció Alex antes de darse la vuelta y salir del salón sin decir otra palabra.
Beril se quedó parada en donde estaba sin despegar los ojos de la puerta. Finalmente, comenzó a llorar. Le había costado tanto trabajo decirle sus sentimientos a Alex y luego habían comenzado a salir por fin, pero ahora se había ido. No quería verla más, tenía miedo de salir lastimado y ella lo entendía. Después de todo, ya habían lastimado a su familia por su culpa, no quería lastimar a nadie más.
Se quedó en el salón hasta que pudo calmarse un poco y luego fue directamente al departamento en el que vivía. Al otro día le contaría a su mejor amiga lo que había pasado y ella seguramente la haría sentir mejor; pero día siguiente Tia parecía estar igual de ocupada con el club de teatro, y lo mismo pasó los días y las semanas siguientes. Finalmente se dio cuenta de que ella también estaba tratando de evitarla. De alguna forma se había esparcido por la escuela la noticia de que ella era Bel-Chan y todos parecían haber llegado a la misma conclusión que Alex: estar cerca de ella era peligroso.
Las semanas siguientes fueron cada vez peores. Nadie le hablaba y nadie quería estar cerca de ella. Finalmente dejó el club de pintura, se refugió en su casa y se dedicó a entrenar su magia. Ahora su único objetivo era derrotar a El Destructor y luego todo estaría bien. Volvería a tener amigos, Alex volvería a salir con ella y podría volver al club de pintura sin ser un peligro para ellos.
Pasaron dos meses antes de que Beril lograra su cometido. La pelea había sido muy difícil y había durado todo un día, pero lo había logrado. Había vencido al Destructor.
Suspiró de alivió mientras hacía desaparecer su bastón. No podía esperar al día siguiente cuando Tia y ella volverían a ser amigas. También podría acercarse a Alex de nuevo, no pensaba que volvieran a ser novios de inmediato, pero podían comenzar como amigos y eso tampoco estaba nada mal. Entonces sonrió por primera vez en mucho tiempo ante la esperanza de ser feliz de nuevo, pero eso tampoco sucedió.
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